sábado, 25 de enero de 2014

Margaritas en el mar (Premio Anual 2012 del MEC, compartido, de dramaturgia)

Margaritas en el mar




Obligaremos al futuro
a volver otra vez
Juan Gelman
( Mundar, 2007)





personajes:

Payaso
Aviador
Mujer
Dueño
Marioneta
Ella
Periodista
Mago
Mujer Barbuda
Trapecistas





















De Rossana Mutarelli








A modo de intromisión con quien la ponga
en escena:


Dueño del circo aparece de galera y frac. La marioneta, de vestido blanco, vaporoso, a medida que avanza la acción, va perdiendo capas de tela hasta que el vestido se vuelve casi transparente. Es frágil y bella. El payaso viste como tal y tiene una nariz roja. La mujer es joven, está embarazada y con un vestido similar al de la marioneta, pero no blanco ni casi transparente. “Ella” viste de un modo más realista y actual, con respecto a los personajes del circo, cuya característica en vestuario debería apostar a la intensificación de lo fantástico o absurdo.
Se necesitará además, para la obra, en general, canto o graznido de pájaros en particular gaviotas, música circense, sonido de aviones y de perros.
Hay dos o tres sillas y unas escaleras de tijera o un practicable muy alto con escalerilla donde al aviador le sea posible subirse o una red a la que treparse. El aviador “volará” en esos lugares. También debe haber un trapecio, o una hamaca para uso de algunos personajes.
En uno de los laterales debe haber tierra suficiente para clavar una pala y enterrar una planta de margaritas.


Episodio 1

(Se escucha el sonido del mar y de aviones, aullidos y ladridos de perros. También el llanto de una niña, llamando a su madre. Al comenzar la acción, en uno de los lugares altos mencionados, está el aviador, con su gorro y lentes de aviación puestos.
Aparece un mago y agita su varita mágica. Al influjo de ella, pasan o bailan delicadamente dos trapecistas. Es como si ensayaran, porque no están en la pista principal del circo.)

Payaso.- (que puede usar silbato o armónica o
tambor o platillos, al aviador que empieza a descender)
“Siempre decir//siempre hablar// pasen
a ver el circo //otra verdad //otro final// pasen
a ver el circo// es mortal, // sensacional //pasen
a ver el circo// Somos felices de conseguir//
el silencio y la paz 1 ¡Tiruliru tiruliru! (Se ríe
forzadamente) ¡Ríe, debes reír! ¡Tiruliruliru! (el
payaso gira alrededor del aviador emitiendo sonidos
musicales y haciendo piruetas, hasta llegar a
la alteración) ¡Piripiririripipipi ...pi...pi…. ririripppiiiii!!
(mirándolo atentamente) ¡Bienvenido!
En este circo podrías servir para el trapecio
o para el aro de fuego. Puedo hablarle al Dueño.
Te gustan las alturas ¿Qué vendrías a ser en
esencia? ¿Cuervo? ¿Aguilucho?

Aviador.- (“vuela” con manos y brazos desplegados
.Cuando deja de volar, es muy tímido). Buenas
tardes. Soy el aviador. No sé cómo llegué
acá...

Payaso.- Quizás te pueda ayudar, si te portas
bien. (Mientras baila, ríe y toca el pito u otro
instrumento.) Supongo que estarás en medio de
un viaje migratorio, gaviotín, gaviotín, gaviotero,
cantarás como el benteveo, o sos como el
carpintero, ero?? (Se ríe muchísimo. El aviador
no ríe.) ¡Amargo! ¡Sonreí, por lo menos! ¿no te
gustó? Soy un buen payaso, no? Mírame... Si
no veo una sonrisa, por lo menos, no le hablo
al Dueño.

Aviador.- (sonriendo forzadamente) Si, claro,
me gustó mucho ¿Es el único Dueño acá?

Payaso.- Es uno de los socios. Hay otros, pero
no se ven.

Aviador.- ¿Y ellos querrán recibirme aquí?

Payaso.- ¡Ah, no sé! Pero puedo darle referencias
tuyas, porque después de todo te conozco.

Aviador.- Gracias...Pero, ¿De dónde nos conocemos?
¿Por qué me mira así?

Payaso.- (Haciendo ruedas de carro o paro de
manos.) ¡Me fuiste a ver una noche, lechuzón!
¡Me trajiste un regalito y de categoría! (Sigue
haciendo ruedas de carro.)

Aviador.- La verdad es que no recuerdo eso (se
escuchan sonidos de aviones) Disculpe, ¿Hay
pista acá?

Payaso.- Te pasaste de tarado. ¿Dónde viste
circo sin pista?

Aviador.- ¿Es larga?

Payaso.- Confirmado.

Aviador. - ¡Ah, qué bueno que es larga!

Payaso.- Confirmado lo de tarado. ¿Dónde
viste pista redonda y, a la vez, larga?

Aviador.- Entonces no puedo despegar.

Payaso.- Despegar podrías, pero volar y llegar
alto... No, no. Sería lindo espectáculo, ¡eh! porque
después del fuego haciendo arder la tela de
la carpa, se verían las estrellas... Estofado de
perdiz o arroz con pajarito, podríamos hacer
después contigo!

(Pasa bailando o haciendo rueda de carro una
muchacha.)

Aviador.- ¿Quién es esa?

Payaso.- Una de las trapecistas, creo... Sh...no
importa...(lo aparta del lugar por el que ella pasó).
Sh... Nosotros estamos atrapados. Te muestro.
(Lo lleva hacia un lateral. Se enciende una luz potente
en esa calle del escenario y empiezan a ladrar
perros, furiosamente. Señalando hacia afuera.)
Nos vigilan, te dije. ¿Ves esa carretera?

Aviador.- (contento) ¡Es una pista! ¡Esta sí es
larga! (ladran perros)

Payaso.- Carretera.

Aviador.- Pista (ladran perros).

Payaso.- ¡Carrepista!

Aviador.- (Fuerte y firme.) ¡Pista!

Payaso. ¡Ah, muy bien! ¿Se te acabó la timidez?

Aviador.- Bueno, es que yo...

Payaso. ¡Paparruchas! Sería pista si yo tuviera
avión.

Aviador.- Yo tengo avión (ladran perros).

Payaso.- (Entusiasmado.) ¿Y dónde está?

Aviador.- (Señala hacia él mismo, moviendo sus
brazos.) Acá.

Payaso.- ¡Así que te haces el gracioso! (lo va empujando).
A mi no me vas a sacar el lugar, eh!
¡No quedan puestos de payaso en este circo!

Aviador.- No quiero ser payaso, me escuchó?
Si esto es carretera (el otro va a protestar). ¿Por
qué nunca se fue caminando? ¿Qué esperamos?
¡Nos podemos ir! ¡Vamos!

Payaso.- No. Te agarran los perros.

Aviador - Volando... no pueden.

Payaso.- Sí, pueden. Porque yo no te voy a
llevar en brazos, y vas a tener que caminar, y
cuando te vas a subir a un avión, te agarran.
Ah, y son cientos de perros. ¿Entendiste, ahora,
pajarón? El otro lugar por el que podrías
irte de aquí es por el aro que está en la pista redon-
da del circo. (Señalando en otra dirección a
la de la carretera.) Para allá, ¿ves? Ahí se prende
fuego el aro y vos pasarías volando por adentro...
(Imita el vuelo del otro, haciéndole burla.)
¿Entendiste, pajarraco? Eso sí, podrías pasar,
siempre que no tengas una culpa muy grande,
porque si es grande, solo lo lograrías, si antes
dijeras la verdad. (Ríe nerviosamente.)

Aviador.- No entiendo.

Payaso.- ¡Resultaste un pasmado, eh! El aro es
como el confesionario de cualquier parroquia,
redondo y más efectivo. Ahí no se puede joder
a nadie El último que se animó a pasar parece
que tenía una culpa grande que rozó el aro y se
incendió todo. Se guardó el secreto, porque le
pareció que no importaba mucho su culpita y
se prendió fuego hasta el alma... (Ríe.) Tengo
que reconocer que fue el mejor espectáculo de
este circo... “¡Circoooo!, Toda la verdad te la da
el circo, si te quieres divertir y gozar y reír y del
gran show disfrutar, ¡circo!, no hay nada como
el circo que te llene de verdad...

Aviador.- Hace unos años vi a un hombre
prendido fuego y se le desprendían de la ropa
y del cuerpo escamas de ceniza que el viento se
llevaba volando tan arriba que sólo yo podía
seguirlas con el avión.

Payaso.- ¿Escamas de ceniza? ¿Era un hombre
o un pescado? El tuyo es flor de gorjeo poético
en la memoria, pero (señalando su cabeza) no te
queda ahí nada de mí?

Aviador.- Es mi memoria, no es tu culpa.

Payaso.- Chocolate por la noticia, claro que
no es mi culpa.

Aviador.- Pero tampoco es mi culpa no
acordarme.

Payaso. Lo tuyo es un alzhéimer circunstancial
y culpable.

Aviador.- (Sin prestarle atención.) Tengo gran
memoria para los aviones, los tipos, los modelos,
los aeropuertos, pero no me acuerdo de
las caras de la gente. Recuerdo que mi avión
es Lockheed L-188 AF Electra. También piloteé
un Shorts SC.7 Skyvan 3M-400. Recuerdo
con precisión que dos veces vez usé un Fiat
G2-22.

Payaso.- ¡Bastaaaaaa! ¡Stopppppp!, ¡pesado!
que esto no es un programa de preguntas y respuestas!
¡A vos, igual, te sacarían a patadas!

Aviador.- No entiendo por qué

Payaso.- Porque no hiciste muchos méritos.
Te voy a refrescar la memoria. (Crea suspenso
con los platillos o va acompañándose con sonidos,
mientras cuenta.) No te hagas el sonso. Había
sido un día sofocante de esos de verano, la
gente estuvo hasta tarde en las veredas, pero
después, empezó a llover y refrescó un poco y
todos se metieron para adentro. Arrancaron los
relámpagos y los truenos un rato después, esperaste
en el coche a que la luz de mi dormitorio
se apagara porque no querías que mi mujer
te viera, y ahí golpeaste la puerta despacio, toc,
toc, como habíamos quedado. No hay detalle
de ese día que yo no recuerde.

Aviador.- No me acuerdo

Payaso.- Se nota que te lavaste a fondo la azotea,
y te rasqueteaste todas las cagaditas de paloma...
Ahora te pusiste tímido, te achicaste, te
convertiste en otra persona.
Atención: (pausa, se prepara, ampulosamente,
mientras se desplaza dando piruetas y haciendo
reverencias).
Eras columna envarada/ de mandíbula apretada/
El trasero bien enhiesto/ como con palo
puesto! (Ríe a carcajadas.)

Aviador.- ¿Qué dice? ¿Quién le dio confianza
a usted? No quiero escucharlo. No me voy a
quedar acá. (Empieza a “volar” intentando despegar
con desesperación, agitando brazos.)

Payaso.- (Haciendo malabares.) ¡A volar, tijereta
y reventarse la jeta!

Aviador.- Usted me está hostigando. Yo siempre
he sido un buen hombre, incapaz de algo
malo, turbio, como lo que usted insinúa...

Payaso.- ¡Un pichoncito, ¿no? Estoy casi convencido...

Aviador.- No se burle por favor.

Payaso.- Está bien. Te creo. Se ve que te pasó
algo que te dejó así, una laguna, no sé... Pero
lo que te voy a decir está prohibido contarlo.
Es mi recuerdo. (Se acerca a él y se saca la nariz,
le habla en secreto.)

Aviador.- ¡Eras tú! ... Con esa nariz no te había
reconocido... Menos mal que eras tú!

Payaso.- (Ríe, saltarín.) ¿Puedo decirlo? (suena
el silbato o la armónica) ¿Puedo cantarlo? (suena
el silbato) ¿Puedo gritarlo? (suena el silbato)
¿Quedaré fuera de los bronces? (ríe) ¿Te parece
mal lo que hice entonces?

Aviador. ¿Dijiste si me parece mal?

Payaso.- ¿Mal, cuál?

Aviador.- ¿Cómo, mal?

Payaso.- Eso, mal.

Aviador.- ¿Pero, cómo mal?
En todo caso, fue un bien
te costó más de un vintén
Y ahora mírate cómo estás:
Un payaso pobre
nada más
mendigando el perdón
por una buena acción.

Payaso.- (Enojándose.) No me copies y contestame:
¿Te pareció entonces una buena acción?

Aviador.- Si, lo digo de corazón.

Payaso.- (Más enojado.) ¡Basta de rimas! Es en
serio.

Aviador.- Tuviste buen criterio (ríe ahogadamente).

Payaso.- Entonces quizás ahora pueda decirlo...
¡Qué alivio! Me sacas un gran peso de encima...
(Pasa una muchacha bailando o entra y se hamaca
un momento en el trapecio.)

Aviador.- Otra vez una trapecista.

Payaso.- Shhh... Ni las nombres. Nos odian y
aparecen a cada rato, y son peligrosas, tienen un
perfume que es como el canto de las sirenas, te
lleva, te lleva...te arrastra... Lo mejor es no mirarlas
(En secreto.) Dale, ¡Ahora te toca a vos!

Aviador.- ¿A mí?

Payaso.- Si, claro. Podrías confiarme un secreto,
¡qué tanto!, ¡somos hermanos de encierro! (El
aviador le dice algo en secreto, pausa.) Ah...Ahhh...

Aviador.- Ah...¿Qué?

Payaso.- ¡Ah la perinola! (Ríe y acosa a la vez) y
Ah de Asombro, pero también “A” de Animal,
“A” de Abominable, “A” de abuso, “A” de aeroplano,
“A” de agua, “A” de asesinato... “A” de...
Arlington... A de... Triple “A”. (Ríe.)

Aviador.- P de pa...yaso...P de pe...lotudo... P
de pacotilla...P de... peligro...P de palo... P de
poco padre!

Payaso.- C de culo, R de roto!

Aviador .- ¡Basta! ¡Basta de esta mierda!

Payaso.- (Uniendo los dedos índice y pulgar.)
¡Omm! (Tranquilo.) ¿Ves? Yo soy como un manual
de autoayuda. Ahora estás mejor. Había
que pincharte. Por eso pudiste recuperar tus aires
de triunfador, tu paso de mando. Vamos a ver:
¡Fuerte, vamos, como antes, dale, un, dos, un,
dos, un, dos. (El payaso camina emulando el paso
militar, luego da saltitos para convencer al aviador
que se aparta volando.) No te pongas así, tenías
que mudar las plumas y volver al plumón de
antes, tenías que recuperar el garbo, el planeo, la
postura, parecías golondrina de un solo verano,
en lugar de parecerte a un cóndor! ¡No te vayas,
que me siento un poco solo! La infantería no
puede nada sin la aviación! Si no lo reconoces,
nunca podrás salir de acá. Si vos te animaras a
atravesar por el aro de fuego, yo también lo haría,
porque si tu lograras pasar sin quemarte, yo
también, ¡seguro! (Suenan sonidos, golpes, timbres,
campanas, llantos, gaviotas, motores.) ¿Y eso?
¿Qué fue? ¿Quién será? ¿Nos vendrán a buscar?
Todavía no puedo ir. No estoy pronto. (Suena
una radio, acoples, interferencias y se ilumina otro
sector. Allí están Ella y el periodista.) ¿La ves? ¿La
ves?, ¡Ahí está! (señala hacia Ella, que está en otro
espacio y tiempo. Aviador y Payaso quedarán bajo
su propio círculo de luz durante la charla entre el
periodista y Ella. Payaso mira hacia Ella).
Aviador .- ¿Quién está? Yo no veo nada

Episodio 2

(Ella está en su casa, donde es entrevistada por
un periodista. Él puede estar presente o hacerse la
escena con una voz en off.)
Ella.- Me lo dijo mi mamá. Mi papá había
muerto hacía unos meses y mi madre me dijo
que mi familia biológica me estaba buscando.
Periodista.- ¿Usted les sigue diciendo papá y
mamá a sus apropiadores?
Ella.- Sí. Las dos son mis madres. Los dos son
mis padres. Ellos no sabían. No es cierto que
sabían que a mi madre biológica la habían desaparecido.
Algunos periodistas dijeron cualquier
cosa.

Periodista.- ¿Usted sabe algo de sus verdaderos
padres?

Ella.- Casi nada. Eran muy jovencitos. Los secuestraron
en Buenos Aires. Bueno, y después
los llevan a un centro clandestino. Allí permanecen.
A mi papá lo matan. Y a mi mamá la
traen a Uruguay. Estaba embarazada de mi,
secuestrada.

Periodista- ¿Cómo se entera usted de la verdad?

Ella.- Mi mamá me cuenta, me dice que me
lo iban a decir pronto, pero no pudo ser porque
mi padre se murió antes.

Periodista.- ¿Cómo está tan segura de que
se lo hubieran dicho? Quizás pensaban seguir
ocultándoselo...

Ella.- (En un silencio incómodo, se adelanta y
aparta, baja la luz en ese sector. Con luz de seguidor,
y música circense, entra muchacha y se
balancea en el trapecio, mientras la mujer barbuda
la empuja suavemente. La luz enfoca a malabarista
y luego se dirige a Ella, que está arrollada
en el piso. Desde allí va a enfocar a Aviador y
Payaso.)


Episodio 3

Aviador.- ¿Qué mirabas? No te entendí y quedaste
como ido...
Payaso.- Estoy cada vez peor. El Dueño de acá
dice que son alucinaciones... Pero me parece
verla.
Aviador.- Ahí está la trapecista.
Payaso. – (Alterado.) No la mires. No le des el
gusto.
Aviador.- Aparecen de la nada.
Payaso.- ¡Exacto! Son perturbadoras... (Se escucha
el ruido de una interferencia.) ¿Qué es
ese ruido? ¿Habrán puesto algún micrófono?
(Suena de nuevo el ruido del walkie talkie del
aviador; el payaso señala el bolsillo.) ¡Ahí está!
¡Es tuyo! El ruido viene de tu bolsillo.
Aviador.- No es nada. Es un walkie talkie.
Payaso.- Pero... ¿te graduaste de idiota o qué
te pasa? Con eso podemos comunicarnos. Con
eso puedo hablar con mi hija, o con quien
quiera. ¿Con quién hablas por acá?
Aviador.- No es un teléfono. Sirve solamente
para hablar con la autoridad.
Payaso.- ¿Qué autoridad?
Aviador.- Con la Autoridad.
Payaso.- ¿Qué autoridad? autoridades hay
muchas...
Aviador.- Con la Máxima. No puedo decir
más. Son órdenes. Es material clasificado.
Payaso.- Dámelo.
Aviador.- No te doy nada. (Se pelean tratando
de agarrar el walkie talkie.)
Payaso.- ¡Dámelo, plumífero! ¡Si no me lo das
les cuento a todos tu secreto y por qué estás
sudando miedo y remordimientos!
Aviador.- Yo no tengo remordimientos. A veces
hay que hacer cosas jodidas. ¡No proyectes
en mi tus culpas y no me toques que te saco esa
nariz! (forcejean otra vez)
Payaso.- ¡No! ¡Mi nariz, nunca!
Aviador.- ¿Así que escondido atrás de una nariz?
¡Cagón!
Payaso.- ¿Y qué?, ¿Solo yo tengo miedo? ¿No
estamos acostumbrados a eso, no? Mi nariz no
me la sacas. El último domador quiso arrancármela
para divertirse, se distrajo y lo único
que quedó de él fue la carnecita entre los dientes
de los leones!
Aviador.- (Firme.) Leones, acá no hay! (Temeroso.)
¿O si?
Payaso.- Ah! ¿Te cagaste, no? (suena el silbato
o el tambor). No, no hay... (Ríe.) ¡Para qué van
a querer los animales si te tienen a vos y a mí,
gallinita! (ríe como loco, y para de golpe). ¡En
serio!
No te preocupes, no te tiraría a los leones, porque
siempre voy a estar agradecido por el regalo
que me hiciste.
Cuando yo era chico, tenía un walkie talkie,
que me dieron mis padres y, con él, me comunicaba
con Dios. ¡Dios me decía cada cosa por
el walkie talkie! Si me lo dieras, a lo mejor logro
contacto... Él nos puede ayudar ¡Cuidado
que ahí viene un león! (Aviador se sobresalta,
payaso se ríe.)
Aviador.- Está bien (se lo da). ¡Igual, para qué
quiero esto ahora!

Payaso.- (Primero coloca el walkie talkie frente
a él, como sobre un altar, y se arrodilla.) Escucha
Señor, nuestra confesión y nuestra súplica...
Alabado sea Dios... Necesitamos perdones sellados
y firmados por ti, para salir de aquí. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Aviador.- Yo no preciso confesar nada. Soy
una víctima, fui desplumado.

Payaso.- (Al aviador.) Bueno, después hablamos,
ahora dejame (a Dios). Aquí estoy, contestame,
Dios, cambio (el walkie talkie hace un
ruido ininteligible, mezclado con interferencia).
Bueno, sí, entiendo, hace tiempo que no te hablo.
Es tu derecho. Pero yo quisiera que me dieras
otra oportunidad, cambio. (Otra vez ruido
ininteligible.) ¡Gracias, Dios! ¡Bendito seas tú,
Dios mío! (ruido). ¡Gracias Señor! (Al aviador,
haciéndole señas de que repita con él.) Alabado
sea el Señor. ¿Qué? (apartándose del aviador)
(ruido). Está bien. Voy al grano. Gracias, no te
vas a arrepentir, cambio (otro ruido). Si, claro,
tú no tendrías nada de qué arrepentirte, porque
sos bueno, así, naturalmente. Ya sé que soy
yo el que se tiene que arrepentir, cambio (otro
ruido). Bueno, bueno, che, no hice tantas cosas
malas como para arrepentirme tanto. ¡Che, lo
único que hice fue aceptar un regalo y callarme
la boca. (Otro ruido.) Perdón, Dios, no fue
mi intención compararte con el guerrillero comunista
(Ruido.) ¡Gracias, Dios! (Ruido.) ¿Que
por qué soy payaso? ¿Y tú no sabes por qué?...
(Ligera sospecha.) Y bueno, con los años, quise
cambiar. (Ruido.) Si, ya sé que no siempre
se puede, pero yo quería ser otro, como dice
la canción “El pirata cojo” de Joaquín Sabina
(otro ruido). ¿Que quién es Sabina? (gritando).
¿Quién es el descerebrado que se está haciendo
pasar por Dios? (Ruidos enormes, de truenos y de
interferencia telefónica o radial.) ¿Yo? ¿Yo? Dios,
para nada, por favor, tus oídos te están dando
señales equivocadas (ruido). No, no, yo no fui
el que dijo eso... No, no... cambio (otro ruido).
Fue el aviador, que está medio loquito, cambio.
(Otro ruido.) Bueno, le digo, cambio. (Otro
ruido.)Le digo, cambio (otro ruido). ¿Todo eso?
(pausa). ¡Qué boquita! (Pausa.) Bueno, calma,
calma... cambio (otro ruido). Sí, sí, yo sé que
Dios es misterio y todo eso, pero siendo Dios
no es raro que no conozcas a un humano?
cambio (otro ruido). Ah... viajas mucho ... (otro
ruido). Yo pensé que eras ubicuo (otro ruido).
¿Eh? ¡No sabes lo que es la ubicuidad! (Ruido
fuerte.) ¡No!, si yo no dije nada! ... Tu eres un
sabio, un sabio, sí, claro, pero entonces (pausa)
estás sordo, cambio (ruido fuerte). No me
llames de ese modo, que soy sensible... (Otro
ruido.) ¿Que quieres que te cante la canción de
Sabina? Bueno, pero mira que no es lo mismo,
(otro ruido). Gracias por la confianza (agarra
el walkie talkie como micrófono y canta el inicio
de la del Pirata Cojo de J. Sabina). “Partiré de
viaje enseguida/A vivir otras vidas,/A probarme
otros nombres/A colarme en el traje y la
piel/De todos los hombres/Que nunca seré...
(sigue hablando), (otro ruido). Gracias por los
aplausos, Dios (otro ruido). ¿Qué por qué quiero
vivir otra vida? Y bueno, es que la mía me la
cagué un poco, (ruido fuerte). Bué, la ensucié
(ruido). No, en la canción de Sabina no hay
ningún payaso, pero cuando mi hija era chica
era muy feliz con las bromas que yo le hacía...
Así que para recuperar esos momentos de felicidad,
decidí hacerme payaso (ruido fuerte).
No te escucho bien!¿Qué la verdad..., qué? ¡No
te entiendo, la voz se va! ¿Qué verdad? ¿Qué te
parece, Dios, cambio (ruido del walkie talkie).
¡Pájaro! Esto está fallando.

Aviador.- Son las pilas.

Payaso.- ¡Se me acabaron las pilas, Dios! (otro
ruido más fuerte) Dios... Dios, cambio... (Otro
ruido.) Dios, cambio... (Otro ruido.) Dios,
dame otra oportunidad. Solo quiero verla...
(Entra una de las muchachas trapecistas bailando
amenazante hacia payaso y aviador.) La última,
por favor... (Otro ruido.) ¿Dios? ¿Dios?
(Baja suave la luz.)



Episodio 4

Periodista.- ¿Por qué crees que tu padre adoptivo
supo toda la verdad recién cuando estaba
por morir?

Ella.- Por todo el movimiento que hubo, por
las cartas al Gobierno. Comenzaron a salir cosas
publicadas. Me parece que sería muy inocente
de mi parte pensar que no sabía que mi
familia biológica me buscaba. Y aparte ese año,
su salud desmejoró mucho y después se murió
y yo creo que esto tuvo que ver.

Periodista.- ¿Qué consecuencia inmediata
tuvo su muerte?

Ella.- Fue un gran dolor, pero no pude hacer
el duelo, porque enseguida vino todo lo otro.

Periodista.- ¿Qué sentiste entonces si no pudiste
hacer su duelo?

Ella.- Que él había muerto y que solo él podía
decirme lo que sabía...
(Baja la luz en ese sector.)

Episodio 5

(En un círculo de luz, la marioneta se levanta
movida por el Dueño que maneja los hilos imaginarios
hasta ponerla de pie. La marioneta le hace
una reverencia profunda y queda en esa posición
hasta que el Dueño, la vuelve a mover y otra vez
se inclina en una reverencia.)
Dueño.- (Acariciándola y yendo de lo más inocente
a lo más sensual.) Eres casi una niña, pero
cada vez te irás poniendo más grande, más
fuerte... Ya te vas amoldando a lo que se espera
de vos...Moderación, elegancia, compostura,
discreción, sonrisas, belleza, encanto, sensualidad,
servicio. Toda una damisela que protege
sus vergüenzas y las mías. Límpiame un poco
las manos.

Marioneta.- (Lo limpia, con movimientos mecánicos.)
¿Así, Señor?

Dueño.- Ahí queda un poco de polvo y una
manchita.

Marioneta.- ¿Así le parece, señor?

Dueño.- Un poco más, ahí.

Marioneta.- ¿Y ahora? ¿Está contento?

Dueño.- No mucho, pero ya estoy cansado
de esta posición. Estoy preocupado ¿Qué dijo
anoche el domador, antes de pasar por el aro?
Marioneta.- Dijo que...

Dueño- Ese lugar y lo que allí se dice me inquieta.
Es peligroso, muy riesgoso. Ha costado
mucho llegar a conquistar lo que tenemos hoy.
Hay que cuidarte, envolverte, mantenerte en
ámbitos silenciosos y armónicos (se va acercando
a ella y la acaricia), vos sos muy frágil, muy
jovencita, muy tierna.

Marioneta.- Gracias, señor.

Dueño.- Si... pero necesito saber, así que ahora,
y solo conmigo y para mi... (Interrumpe su
cascada de caricias, con voz firme, alta.) ¡Habla
de una vez!

Marioneta.- Anoche el domador contó una
historia, un cuento, dijo que venía de un
país chiquito, chiquito, con unos cerros, laderas,
arroyos y praderas. Dijo que un día su
superior...

Dueño- ¿Él habló de mí frente a las trapecistas?

Marioneta.- Él no dijo que fuera usted. El
dijo sólo el superior ¿Sigo?

Dueño.- Sí, claro, seguí de una vez.

Marioneta.- Dijo que el superior dio una
orden

Dueño.- ¡No te pongas reiterativa!

Marioneta.- Bueno... y entonces él y otros
abrieron varios pozos en la tierra para desenterrar
unos tesoros que estaban allí y esconderlos
en otro lado para que nadie los pudiera
encontrar. Después nos gritó a todos y decía:
“¡Somos grandes! (Lo imita con gestos grandilocuentes.)
Hemos cambiado la geografía, cambiamos
el curso de un arroyo y donde había un
pozo hicimos un cerro y donde había un cerro,
hicimos un pozo”. Eso dijo. No me gustó ese
domador... Así que hice como usted me enseñó,
miré hacia adelante.

Dueño.- ¡Fantástico, estupendo! Te tengo bien
enseñada... Así me gusta. ¿No pasó por el aro,
no?

Marioneta.- (Con las manos en el vientre, incómoda.)
No, no pasó. Las trapecistas lo intentaron,
pero él rechazó la invitación. Ni siquiera
se acercó.

Dueño.- ¡Fantástico, estupendo, se fue un
poco de lengua, pero todos han aprendido la
lección! ¿Qué más? ¡Seguí!

Marioneta.- (Con algún signo de sentirse mal.)
Llegó un aviador. ¿Por qué no le pregunta al
payaso? Estuvieron charlando.

Dueño.- Mm... Un aviador... ¡Eso es muy peligroso!
¿Dijo algo? ¡Seguí, seguí!

Marioneta.- No puedo seguir. Me vinieron
náuseas.

Dueño- ¡Debilucha! ¡No me puede pasar esto
con lo que he luchado por ti! Yo tengo la culpa,
por darte la palabra, por pretender enseñarte,
por darte un lugar a mi lado. ¡Yo tengo la culpa
por defenderte! ¡Basta! Ahora, Reverencia. Soy
tu dueño, tu monarca.

Marioneta.- Por favor, no me trate así, sabe
que voy a ser madre.

Dueño.- ¡Paparruchas, paparruchas! ¡Me defeco
en las madres, la maternidad, los hijos y
todo eso! Las madres son una calamidad, una
tortura, no aflojan, no paran. Rápido. Escóndete.
Viene alguien (Salen.)


Episodio 6


Periodista.- ¿Crees que alguna vez encontrarás
los restos de tu madre?

Ella.- Capaz que nunca los encuentro. Pero
quiero estar tranquila que hice todo lo posible
por encontrarlos. Es un cuerpo que alguien
puso en algún lugar. Y la persona que puso el
cuerpo de mi madre en algún lugar, está viva.
Y esa persona y otros saben. De alguna manera
se tendrá que saber.
(Baja la luz en ese sector.)


Episodio 7

Mujer.- (Entrando, ve al aviador gateando, que
acerca la nariz al cuerpo del payaso que está tirado
por ahí. Lo olfatea y se tapa la nariz rápidamente.
Ella entra con una planta de margaritas
en la mano. Las deja en el suelo y se dirige al
aviador.)

Mujer.- Es la hora.
(Nadie se mueve. Aviador y Payaso se ensimisman.
Se ponen en posición fetal.)

Mujer.- Dije que es la hora.

Aviador.- (Al payaso.) Pasa primero, por favor.
Yo soy nuevo acá. Me da vergüenza.

Mujer.- Está entrando el público. (Al aviador.)
Y a usted le toca salir primero. Ahora. Las trapecistas
ya han encendido el aro.

Aviador.- (Tratando de desviar su atención.)
¡Qué lindas Margaritas! La margarita me recuerda
momentos felices. Hablemos de ellas,
de sus pétalos, de...

Mujer.- ¡Es la hora! ¡Hay que ir a la pista y
pasar por el aro!

Aviador.- Usted disculpe, no? ¿Me permite
una pregunta? ¿En la pista, yo podría volar?
porque yo puedo volar en la noche y la niebla...
Nacht und Nebel... ¡Me lo merezco, Mi
general!

Mujer.- Yo no hubiera sido —ni soy—
General.

Aviador.- Perdón, me pareció, como me da
órdenes... Yo soy el aviador. ¿Sigo siendo, no?

Mujer.- Correcto. Yo hubiera o hubiese sido
tantas cosas...

Aviador.- ¿Hubiera o hubiese sido?

Mujer.- Si. ¿Nunca le pasó eso de la posibilidad?

Aviador.- Bueno, yo hubiera deseado seguir
volando mi avioneta.

Payaso.- Y yo hubiera sido el pirata cojo...

Mujer.- (Enojada, al aviador.) No me conteste.
(Al payaso.) No se ría.

Aviador.- (Muy amable.) Pero, no se enoje, no
se ponga mal! Yo no estaba contestando. Estaba
empezando una nueva conversación. Es que
esta ala me duele…

Payaso.- (Se empieza a reír a toda máquina.)
¿Ala? ¿Dijiste ala? ¿Que rima con bala? (sigue
riéndose) con mala, con martingala, con generala?
¿Ala de águila, ala de fénix, ala de Cóndor
o de Co-torra? (grita, ve entrar al Dueño).
¡Ahhhhhhhhhhhhhh! Aaaaamén!!!! (Se arrodilla
ante él.) ¡Aaaalabado sea el Señor!

Dueño.- (Al payaso, viniéndosele encima.) ¡Basta!
¡Un poco de respeto! ¡Basta de guarangadas!
Todo esto es baladí.

Payaso.- ¿Eh?

Dueño.- ¡Inconducente, fútil!

Payaso.- ¡Qué fluidez, señor!

Dueño.- (Al payaso.) ¡Usted, a ver, qué hacemos
con el aviador, dígame, ¿es una amenaza
para nosotros?

Payaso.- ¡No, señor!

Dueño.- (A la marioneta que entra.) ¿Qué haces
acá? No te muestres por todos lados. (La
corre para un costado)

Marioneta.- El mago dice que él puede pasar
por el aro. Pero antes quiere decir unas
palabras.

Dueño.- Acá el único que dice discursos soy
yo, que soy el elegido (Al payaso y al aviador)
¡El dueño del circo! ¡Sáquenlo de aquí! Él tiene
la culpa de toda la violencia desatada! ¡Y sobre
todo, rompan su galera! Si se acerca, ¡Písenla!
¡Córtenla! ¡Húndanla! ¡Sepúltenla! ¡Purifíquense!
¡Olvídenlo! ¡Ignórenlo! Yo defiendo la
paz, soy un defensor de la democracia (Se retira
de escena, dando grandes zancadas.)


Episodio 8


Marioneta.- (Al mago.) Ya lo escuchaste…

Mago.- (Moviéndose por el escenario con elegancia,
va sacando de su galera luces, que sorprenden
a la marioneta.) Luego, con la varita, toca
sus hilos, sus hombros y sus piernas y ella danza
liberándose progresivamente, alejándose y acercándose
cada vez hasta que al final de la escena
pueda entregarse a sus brazos. Entra la domadora
de caballos, grita al verlos abrazados, sacude el
látigo contra el piso. La marioneta corre. Como
si fuera cine mudo, la escena se dinamiza a toda
velocidad: Entra la mujer barbuda y junto a la
domadora y al mago corren detrás de la marioneta,
pretendiendo atraparla, pero ésta se sube
al trapecio, que es elevado y queda fuera de su
alcance, respiran agitados o caen extenuados al
suelo, baja la luz.)
(Vuelve la luz al sector donde está el payaso y la
mujer.)

Episodio 9

Mujer.- (Dirigiéndose ahora al payaso.) Es la
hora. Vamos.

Payaso.- (A Aviador.) Esto es culpa tuya. (Señalando
a la mujer.) Yo no estoy pronto, pero
no te importa lo que pase conmigo, no? (Señalando
y hablando por el walkie talkie.) Dios,
cambio, por favor... ¡No quiero ir al aro! ¡Dios,
ayudame, hola, hola! ¡Cambio y fuera! ¡Hija,
estás ahí? No me contestan.

Aviador.- ¿Pero qué le pasa? ¿Se puso nervioso
ahora? Yo estoy muy tranquilo, porque no tengo
la culpa de nada. Lamento no poder evitar
que se lo lleven. La señorita cambió de idea
y ahora le toca a usted. Si es tan amable, ¿me
devolvería el walkie talkie antes de retirarse
rumbo al aro? Sería una pena que se derritiera
Dios, ¿no le parece? (Ríe ahogadamente.)

Payaso.- Ya vas a dejar de reír. Yo casi seguro
paso sin quemarme. Pero vos vas a tener que
elegir. Si lo tuyo es irte de acá, tendrías que ir
de una vez y decir toda la verdad. Si en cambio,
querés ser la mano derecha del dueño...
Entonces, ¡cuidado!, porque tendrías que pasar
por el aro callado la boca, con las majestuosas
alas abiertas, cada pluma pronta para volar y
después, ¡una llamarada de colores! ¡Nada mejor
para la taquilla!... Con la culpa que tenés,
va a ser un incendio de puta madre!. En el medio
del sobaco., ahí, abajo de tu “alita”, hay
una culpa que crece y crece como un parásito
en el calor. Un gran bicharraco que te caminó
desde ahí hasta la cabeza y te carcomió toda la
inocencia. ¡Es injusto que me lleven a mi! ¡Yo
no hice nada! ¡Sacame de acá, Dios, yo solo
quiero ver a mi hija!

Aviador.- (Bajo.) ¡Shh! Callate porque cuento
lo tuyo y sin metáforas.

Payaso.- (Bajo.) ¡Me dijiste que estaba bien lo
que había hecho!

Aviador.- (Fuerte.) Estaba mintiendo

Payaso.- ¡Basura! ¡Decí todo entonces, ¡buitre
mugriento!

Aviador.- Yo era parte de una cruzada. Éramos
una bandada, y una bandada se mueve junta,
yo no estaba solo, había quien nos guiaba, en el
vértice, y yo seguía órdenes! Además, hasta ese
Dios con el que vos hablás, estaba de acuerdo!
¡En cambio lo tuyo fue por interés personal!

Payaso.- ¡Mentira! Lo que pasa es que estás
sintiendo miedo, verdad? Tenés hedor a miedo,
te traspira el plumerío y seguro que por la
punta de tu rabadilla está saliendo la mierda!
¡Tiruliru, tiruliru!

Dueño.- (Entrando.) Yo no siento ningún olor
más que el del Circo. ¿Quién puede pedir que
en el circo no se sientan efluvios de animales
y sus excrementos? Es la esencia del circo (a
la mujer). ¡No se lo lleve! Payaso, a mis pies.
(Payaso se echa a los pies del Dueño, como si fuera
un perro.) Usted será mi perro fiel (al Aviador).
Y usted, aquí, a mis plantas, teniente coronel!
(se echa también a los pies del Dueño. Entra la
mujer. En sus brazos, una planta de margaritas).
El silencio es bello, y hay que celebrarlo. Dejen
las palabras. Están confundidos. Yo necesito de
su lealtad, necesito a mis mejores amigos.
(Aviador y payaso ladran.) Dejemos el aro.
Nadie los puede obligar a ir. Así me gusta. A
ver, qué veo allí. Ver esas flores en sus brazos
me recuerda a un cuadro del impresionismo
temprano

Mujer.- Son margaritas

Marioneta. (Hablando sola, lejos, o bajando del
trapecio.) Es lindo nombre Margarita... Podría
ser...

Dueño.- ¿Qué haces ahí? Te dije que no salieras.
Te pueden agarrar.

Marioneta.- (Se pone a girar por el escenario.)
Necesito respirar aire fresco. Este vaho me hace
mal.

Dueño.- Siempre quejándote. (Tocándola.)
Necesito algo de ti.

Marioneta.- Es que tengo una pichoncita en
el vientre...

Dueño.- Ni se ve.

Marioneta.- Pero está ahí...

Dueño.- También es mía.

Marioneta.- No. No es tuya (sonríe y va tomando
coraje). No es tuya (ríe). Adivina, adivinador...
(Baila, gira.)

Dueño.- Lo único que importa es que me servirá
como tú.

Marioneta.- (Bailando.) Ni ella, ni las hijas de
esa hija te servirán jamás.

Dueño.- (Desconcertado, buscando una explicación
y un acercamiento.) No puede ser... ¡Las
náuseas te han nublado el pensamiento!

Marioneta.- (Bailando.) Ya no las tengo, quiero
bailar. (Lo va derribando con pequeños empujones
y bailando sobre él.) Bailar como quiero!
(Salta, baila, lo arrincona.)

Dueño.- Por favor... por favor...

Marioneta.- Nada de favores. Empieza el
parto y con todos mis hijos e hijas cortaremos
las cuerdas que sostienen este circo. (Se sube a
un trapecio, se agacha con las piernas abiertas,
parada sobre el trapecio, puja como si estuviera
pariendo.) No podrás matarnos. (Puja.) Somos
blancos móviles, demasiado móviles, (jadea)
y estamos en las calles y en los banderines y
en las manos y en las banderas (puja y jadea).
¡Allá, estoy allá! Soy aquella mano que saluda!
¡Estoy en aquella cornisa! (Se contorsiona.) ¡Y
estoy allá también!( Puja y grita.) ¡Soy de todos
y soy mía! Todos llevamos margaritas en
las manos y tienen todos los pétalos... Esa es
nuestra visión. Ese es nuestro futuro...

Dueño.- (Poniéndose de pie y riendo a carcajadas.)
¡El futuro! ¡El futuro te va a vomitar
encima! ¡El futuro se va a cagar en ti! ¡Esa es
mi visión! ¡Dos veces te va a decir que no te
quiere! Y te lo diría una tercera si lo volvieras
a preguntar. (Poniéndose dulzón.) Los años han
pasado, es tarde, pronto estarán todos muertos.
No sufras. Ven conmigo. Tengo experiencia de
años en esto... Nadie te quiere de veras…

Marioneta.- ¡Mentira! No puede ser... (El
Dueño le da la mano, ella se deja dominar
nuevamente.)

Dueño.- Ya vas a ver... ¡Qué díscola me resultaste!
(amabilísimo, la ayuda a bajar del trapecio).
Pero yo te voy a cuidar. Tengo toda la
leche que necesitas para tus hijos. Ahora es el
momento de bailar para mí, vamos... (Cada vez
con más tono de mando.) ¡Baila para mí! ¡Baila!
Baila! (La marioneta llora y baila al ritmo
de una cajita de música.) Bájate los breteles...
Ahí está... déjame ver algo... Eso... ¡Suficiente!
(A los perros payaso y aviador.) ¡Ustedes, a ella!
¡Muerdan, desgarren! ¡Ataquen! (Payaso y aviador
se tiran sobre la marioneta rugiendo y ella va
desarmándose hasta caer al piso, desapareciendo
en la luz que se extingue.) ¡Suficiente!

Episodio 10

(Rápido como de cine mudo, entra el mago, pisa
su galera, tira la baraja en un vuelo de naipes,
la mujer barbuda se mira al espejo y lo aparta
varias veces, recoge un naipe y llora, la domadora
monta un caballo invisible. Cuando la marioneta
vuelve a aparecer arrastrándose todos la abrazan
y levantan hasta que sus manos se prenden
del trapecio, y empieza a ocupar un lugar en él,
acurrucada en una punta, luego baja la luz.)

Episodio 11

Aviador.- (Al payaso.) ¿Viste? (Señalando a la
mujer) ahora ella no nos grita, ni nos reclama
nada. Ahora somos la mano derecha del Dueño.
Estamos protegidos... ¡Guau!

Payaso- ¡Guau! ¿Ahora me das conversación y
te gustaría ser mi amigo? Bien que me quisiste
joder hace un rato...

Aviador.- Perdóname... Yo no quise... Es
que… (Se refriega como perro contra el otro buscando
perdón.) guau, guau...

Payaso.- No importa. Menos mal que no nos
llevó. No soy rencoroso. Hay que dar vuelta la
página. Cambiemos de tema: Esa mujer está
como ida, le debe faltar un tornillo.

Aviador.- O sobrarle alguna culpa. Olfateála...
(Se acercan los dos a ella y la huelen y ella no se
inmuta. Camina y ellos la siguen.) No le siento
olor feo.

Payaso.- Huele a rosas, como las trapecistas.
Siempre paradas al costado del aro, con un
perfume que parece que las impulsara, les levantara
los pies y las hiciera girar en el aire y
aparecer!

Aviador.- Nunca pudiste estar tan cerca como
para sentir su perfume! ¡No inventes!

Payaso.- ¡Cómo que no! ¡Cómo que no! (colgándose
del trapecio o haciendo piruetas). Yo trabajé
en los mejores circos y en todos ellos conocí
a las trapecistas. Las de acá son distintas,
pero igual tienen ese perfume especial... Acá
entré cuando se quedaron sin payaso.

Aviador.- ¿Ah, si? Así que tu hobby es ser el
sustituto.

Payaso.- ¿Qué significa eso?

Aviador.- Nada, nada... guau, guau

Payaso.- ¡Ladridos autoritarios! Así eras cuando
te conocí, guau

Aviador.- ¿Qué más vendrías a ser?

Payaso.- Soy padre. Tengo una hija.

Aviador.- ¡A otro con ese cuento! (Aúlla.)

Payaso.- No interrumpas la visión de mi hija
con tus ironías. Cuando la nombro, la imagi-
no. Ahí va, girando en el trapecio. Allá va...
mirála... Yo la quiero tanto...

Aviador.- ¿La ves en el trapecio?

Payaso.- Si, mírala

Aviador.- ¿Qué ves?

Payaso.- Seda roja y verde. Un cabello negro
que se vuelve manto. Pero cuando gira en el
aire, desaparece.

Aviador.- ¡Cuidado! No digas eso! No uses esa
palabra! Puedo contarle al Dueño!
No fuiste capaz de reconocer que además de
ser payaso y padre y blablabla, sos policía!

Payaso.- Ya no lo soy.

Episodio 12

(Ella baja del trapecio y se dirige a jugar en un
espacio con muñecos rotos.)
Ella.- (Aniñada, aludiendo a un muñeco.)
¿Mamá? ¿Papá? Se me rompió (Se para, se pone
un tapado, sale del espacio de los muñecos rotos.)
Abuelo, ¿me ayudás? ¿Abuela? ¿Abuelo? ¿Hay
alguien? ¿Hay alguien?

Episodio 13

Aviador.- Concéntrate en la mujer. Olfatea
para ese lado... Otra vez está con las margaritas.

Payaso.- ¿De qué raza te parece que soy?

Aviador.- Caniche (ríe). Yo soy un doberman,
está bien, no te enojes, podrías ser un
perro policía.

Payaso.- Yo quiero ser un labrador, porque
son buenos con los niños (Se acerca suavemente
a la mujer y la olfatea.)

Aviador.- A ver... (Él también olfatea.)

Payaso.- Callate si querés que me concentre
¿Le sentís el perfume o no?

Aviador.- Sí, es perfume a rosas. Una vez,
hace mucho tiempo, sentí este mismo olor. El
avión estaba inundado de este perfume. Eran
las doce de la noche. Yo iba volando alto. Era
fin de año, se abrían rosas de luces frente a la
cabina del Elektra. Eso no te lo había contado
(ante la mirada desconfiada del otro). En serio,
no me acordaba.

Payaso.- Estás coqueteando con la memoria.
¡Cuidado! ¡Cuidado! que le puedo decir al
Dueño del circo.

Aviador.- (Sin hacer caso, se acerca a la mujer y
le roba una margarita, que pone en su ojal.) Voy
a volar como aquella noche.
(Se sube a un lugar alto.)

Payaso.- (A la mujer señalando la planta de
margaritas). Las miras como si te pudieran
contestar algo.

Mujer.- Necesito plantarlas y que crezcan.
Me pregunto siempre si la margarita es más
margarita cuando tiene todos los pétalos o
cuando le faltan.

Payaso.- Eso debe ser un secreto de las
margaritas.

Aviador.- El Dueño dice que acá no hay ningún
secreto.

Payaso.- Yo igual no quiero saber más secretos.
Y tampoco quiero hacer un pozo.

Dueño.- (Entrando.) Yo lo hago.

Payaso.- ¿Usted?

Dueño.- (Al payaso.) Bueno, está bien, ya que
lo sorprende, mejor hágalo usted. Un buen
jefe debe saber delegar ¡Ya! (El payaso empieza
a hacer el pozo.)

Aviador.- (Desde un lugar alto.) Ah...las margaritas...
Desde el aire, cuando estás por aterrizar,
y miras el campo, yendo casi al ras, son
como ojos enamorados que te invitan. Pero
hay otras margaritas... las margaritas del mar.
Esas que solo los hombres del aire podemos
crear, y solo algunos de nosotros ¡Qué privilegio
para los ojos! ¡Qué belleza!

Dueño.- (Al aviador.) ¡Usted se está yendo de
boca! Nadie le preguntó nada. ¡A la cucha!

Aviador.- Perdone, señor, me dejé llevar,
¡guau, guau!

Dueño.- Bueno, disculpa aceptada, sigamos
(deshojando la margarita) (a la mujer). Respecto
de su pregunta filosófica, me parece que no
hay duda de la respuesta. Cuando yo pienso
en una margarita, lo hago respecto de alguna
a la que le faltan los pétalos, hasta que no le
queda ninguno, verdad? Así que una margarita
es una flor que es más flor cuando se la
desnuda. Se lo buscó, por ser así. Como se
dice popularmente: “Algo habrá hecho”, no?
(Deshoja una margarita hasta que la destruye.)

Mujer.- (Le ha sacado la pala al payaso y mete
la pala en la tierra.)

Dueño.- (Empujándola.) ¡Salga de acá, usted
no sirve para nada. ¿Qué busca, eh? ¿Qué
busca? ¡Perros, a ella! (Los perros la empiezan
a atacar.)

Mujer.- ¡No me lastimen, por favor! ¡Usted es
violento! (Se pone a llorar.)

Dueño.- Pero, ¿Qué hacen, perros? Yo no dije
jamás que la atacaran. Hay que ejercer el poder,
pero no la violencia ¡Eso, Jamás! He abominado
de ella toda mi vida, y también de las
ideas violentas. (Adquiriendo tonos propios de
la oratoria.) Lo primero es la paz de este circo,
donde hoy pueden sentarse juntos animales
domésticos y feroces, y todo gracias a La Ley
que nos ampara. Es una ley que históricamente
es reconocida por todo el mundo. La paz
es la única condición de la democracia y los
Derechos humanos felizmente resplandecen2
(Aviador y payaso aplauden, ladran y aúllan,
enardecidos)
Quizás los necesite más tarde, perros (sale).
(Se escucha una jauría de perros, música de circo,
mucho ruido.)

Episodio 14

Payaso: (Amargamente.) Quiero soñar con mi
hija y esos perros no me dejan.
(Suenan ladridos.)

Aviador.- (Mostrándole que la mujer quedó
llorando.) ¿Por qué no vas a hablar con ella?
Yo quiero volar de acá, quiero volver a la acción,
eso es lo que quiero. Solo así voy a ser
yo mismo, y no como era cuando llegué acá.
El miedo se me había metido entre las alas y
me había convertido en un gorrioncito, pero
yo no soy así... miedo deberían tener los otros
todavía... ¡Si yo quisiera podría ser el dueño de
todo esto!

Payaso.- ¡Ladran! ¡Chist! (susurrando). Capaz
que sería mejor que no dijéramos más
mentiras!
Aviador.- Le podríamos decir algo lindo (se
acercan a la mujer).
Mujer.- (Tratando de recomponer una margarita.)
Me hubiera querido mucho, poquito y
nada... Me hubiera querido... mucho! (Llora.)
Aviador.- ¿Qué está haciendo? ¿Por qué llora?
Mujer.- (Bajito.) Lo estoy haciendo al revés,
pero no puedo poner en su lugar los pétalos.

Episodio 15

Payaso.- (Al aviador.) Ella debe saber cómo
salir. (A ella.) Disculpe la molestia, sé que antes
estuvimos mal, nos dejamos llevar, es que
eran órdenes, no?... pero yo tengo que hablar
con mi hija, ¿sabe? ¿Usted podría decirme
dónde está la puerta, o cómo puedo salir? ¿Usted
sabe dónde está la llave?

Mujer.- Los circos no tienen puertas... Acá no
hay ninguna cerradura. Para cuidar están los
perros. (Molesta.) Perros como ustedes.

Aviador.- Lamentamos lo que hicimos, señorita...
(Al payaso.) Hay que seducirla. ¿Dónde
viste que a una mujer se la conquiste pidiéndole
cosas? Tenemos que hacer algo bueno por
ella si queremos que nos perdone.

Payaso.- ¿Vamos a limpiar nuestros pecados,
haciendo buenas acciones? (Mirando
hacia arriba.) ¿Te parece bien, Dios? ¿Eh?
No contesta.

Aviador.- Debe estar en un concierto de Sabina.
¡Dale, no seas infantil! La pista está despejada,
en unos minutos, podremos despegar.
Hay que hacer cualquier cosa para que esta
mujer nos diga cómo pasar entre los perros,
sin que nos ataquen. Debe conocer la clave.

Payaso.- ¿Pero en serio está tu avión ahí
afuera?

Aviador.- Claro. Te hablo en serio. No estoy
loco. Es una avioneta. Está ahí.

Payaso.- Está bien, a ver si la sensibilizo (dirigiéndose
a la mujer). Soy una víctima, como
usted. Sufro... El dolor es insoportable...

Mujer.- ¿Qué le pasa? ¿Le duele algo?

Payaso.- Si... Me duele aquí, en el pecho...

Mujer.- Mire que en el avión no le va a pasar
nada... Son los nervios.

Aviador.- Viste, ella sabe que hay un avión.

Mujer.- Claro. Hoy es miércoles. Si quiere
le traigo una manta, mientras esperamos el
traslado. Permítame que lo ayude. Le voy a
hacer unos masajes y se va a aflojar un poco.
Ese dolor en el pecho no es más que una contractura.
Pero tiene que mantener la esperanza
fuerte. Vamos a salir de aquí.

Payaso.- (Sorprendido.) ¡Gracias!

Mujer.- No es nada.

Aviador.- ¡Señal de partida! ¡Embarquen! Se
prenden las luces de la torre de control!!! ¡Hay
que subirse al avión!!

Payaso.- ¡Ay!

Mujer.- Hay que resistir. Tranquilícese. No le
va a pasar nada.

Payaso.- Gracias, usted es muy buena. No
estoy acostumbrado a eso... ¿Sabe qué? Su
cara me es familiar. Estoy seguro que antes
he visto esos ojos. Sí, sus ojos se parecen a los
de mi hija. (Al aviador.) Son del mismo color
y tamaño...

Aviador.- Shhh...

Mujer.- Yo no recuerdo haberlo conocido antes.
Quédese tranquilo que ya nos van a llamar
para irnos.

Payaso.- Ah, bueno, entonces, ¿Nos vamos?
(al aviador) ¡Nos vamos, loco, nos vamos!!!!
(Súbitamente preocupado.)¿Quién nos va a
llamar?

Mujer.- Ellos, para hacernos subir al avión.
Estoy esperando familia, ¿sabe? La llevo
conmigo, acá (señala su panza). ¿Le sigue
doliendo?

Payaso.- No, ya se me pasó, gracias. ¿Dónde
está el avión?

Mujer.- Allá. (Señala afuera del escenario, puede
ser hacia el público.) Ahí, al lado de todas
esas personas que están ahí esperando para
irse.

Payaso.- ¿Qué personas?

Mujer.- Esas. Allá (señala hacia afuera).

Payaso.- No las veo y el avión tampoco lo
veo.

Mujer.- Es que está oscuro. Nunca prenden
luces, pero desde ahí es de donde nos llaman.
Ya va a ver... ¿Usted a qué se dedica?

Payaso.- Yo... estée... Yo soy payaso. Hago reír
a mi hija.
Mujer.- Así que usted tiene una hija... ¿Se parece
a usted?

Payaso – No. Se parece a la madre, creo... Usted,
¿Tiene preparada una medallita para su
bebé?

Mujer.- Sí, ¿Cómo sabe?

Payaso.- ¡Lo adiviné! Es muy común ponerle
una medallita con el nombre a un hijo, no?
Todo el mundo lo hace...Eso es muy común.
Además, capaz que su bebé es varón y no
una niña, y no nació todavía y la mía sí, hace
mucho tiempo. Así que dése cuenta que son
distintas!

Mujer.- Pero... ¿qué dice? ¡Claro que son distintas!
(Se toca el vientre con las manos.) Usted
está muy nervioso y se ve que eso altera a mi
bebé... Me patea, sabe... ¿Quiere sentir?
(Payaso pone su mano sobre el vientre de la mujer.
El aviador lo aparta violentamente.)

Aviador.- ¡Vamos!

Mujer.- Lo siento, señor, me voy... Me están
llamando para el avión, ¿sabe? Me hubiera
gustado viajar con usted, pero me llaman...

Aviador.- ¿Pero no se va conmigo?

Mujer.- No, me llaman desde aquel avión (señala)
y tengo que obedecer ¡Adiós! (Ellos miran,
no ven ningún avión.)

Payaso.- (Al aviador.) ¿Escuchaste lo de su
hija? (A Dios, de rodillas, por el walkie talkie.)
Dios, dejame salir de aquí. Ella me sacó a mi
hija. (Ruido como el del walkie talkie.) Si, Dios,
yo se la había sacado, pero ahora ella me la
volvió a quitar... por eso no la veo, por eso
hace mucho que no la veo... ¡La tiene ella otra
vez en su panza!

Aviador.- ¡Callate, tarado, ella se va en mi
avión! Mirá...allá levanta vuelo, es mi avión!
Lo reconocería entre miles...(Llora.)

Payaso.- (Llora también.) No, pajarraco, ese
no es más tu avión y mi hija no es más mi
hija...

Episodio 16

Dueño.- (Solo, en otro sector del escenario, hablando
hacia un grabador portátil.) Para el capítulo
dos del libro: Fundación del Circo “Cóndores
del Sol”

Aviador.- (Recomponiéndose, se pone los lentes
de aviación, sube a un lugar alto.) Cuando vuelo,
puedo llegar a las más altas montañas y planear
sobre los mares.

Dueño.- (Sigue grabando.) El circo toma el
nombre del cóndor. Etimológicamente es un
vultur griphus y vultur quiere decir buitre (sigue
grabando).

Aviador.- Sobrevolaremos el Río de la Plata.
No se pierdan el espectáculo.

Dueño.- (Grabando.) Según los incas, el cóndor
era el responsable de que saliera el sol, porque
lo levantaba con su pico. Leopoldo Lugones
escribió sobre ellos en La Nación, el 26 de
Marzo de 1903! (Sigue hablando al grabador.)

Aviador.- (Manejando el avión.) Un día llevé
conmigo a una mujer embarazada. Atrás en el
fuselaje iban los demás. Le mostré a la mujer
la maravilla de ver el mar, la espuma y las olas
desde aquí...Y después, no pude resistirme y
le mostré lo que aparecía en el mar cuando yo
volaba... No quería contestarme al principio,
pero después me dijo que veía unos círculos
concéntricos y se dio cuenta de que formaban
algo parecido a la corola de una flor... Había
niebla también...Cuando se dio cuenta por
qué, no quiso mirar más y me golpeaba para
que parara, pero el avión seguía sembrando...

Dueño.- (Grabando.) Natch und Nebel. Nuit
e bruillard. Noche y niebla. El eufemismo fue
usado por los nazis aludiendo a la desaparición
de personas en medio de la noche y la niebla.
Pronto seremos todos viejos...y nadie podrá ser
tan cruel con los ancianos (ríe).

Aviador.- Siempre es bello ver cómo, cuando
arrojamos a alguien desde el avión y se hunde
en el mar, se forma una margarita de espuma
blanca, muy blanca que dura unos segundos...
(Baja.) Unos segundos, nada más... Es necesario
y bello.

Dueño.- (Al aviador.) ¡Me distraigo un momento
y te vas de boca! ¡Bájate de ahí! ¿Qué
estás diciendo?

Payaso.- (Al aviador.) ¡Nunca supe que habías
hecho todo eso! ¡Vos lo disfrutabas! (Se pelean,
ladridos.)

Aviador.- No te hagas... En el fondo lo sabías...
No te hagas el escrupuloso.

Payaso.- (De rodillas, frente al walkie talkie.)
Te lo juro, Dios que yo no sabía todo esto...
¿Dios? ¿Dios? contestame, cambio... (Ruidos.)
¿Dónde estamos?

Dueño.- (Al payaso.) Perro, usted está alucinando!
¡Qué importa dónde estamos, lo que
importa es que en este lugar estamos todos y
(intencional) aparecen todos, y hay que tener
los huevos para bancárselo. Hay que aguantarse
cuando uno ve que aparecen a cada rato
bailando o subiéndose al trapecio. El que no
aguanta, se sacrifica, ¿entendió?

Aviador.- Yo me encargo, señor. (Ataca al payaso,
como un animal, saltando sobre él y aullando.
El payaso queda extendido en el suelo.)

Dueño.- Desde el comienzo le noté una debilidad
a este animal. ¡Qué furibundo ataque al
corazón que ha tenido este hombre! Un paro
irreversible. ¡Qué pérdida! Su memoria será
cultivada, fue uno de mis hombres. Hay que
darle honras fúnebres. ¡Pongan un aviso! ¡Mi-
ren, miren allá arriba! (saca el grabador) (Se ve la
sombra de un ave gigantesca). Cabeza pelada de
buitre, roja, cuerpo negro, plumas blancas en
el cuello... Es un cóndor... ¡Qué ave magnífica!
La relación existente en un mismo continente
entre las especies desaparecidas y las vivientes
es maravillosa, como decía Darwin.

Aviador.- Ya mismo me lo llevo (lo saca arrastrando).

Dueño.- Hay que envejecer rápido, que la
culpa se ponga añeja... La verdad también se
pondrá vieja, decrépita, con los dientes gastados
y con las piernas dolientes y quedará enmudecida
como todos nosotros y no podrá
seguir pariendo ¡Este será el reino del silencio,
del sagrado silencio! (Comienza música circense
delicada y Marioneta y mujer cruzan el escenario
bailando.) ¿No me escucharon? Quietas! ¡Miedo
tienen que tener! ¡Impotencia tienen que
sentir! ¡Quietas, quietas, no bailen, no bailen!
(Siguen bailando.)

Dueño.- ¡Les dije que se fueran! (Ellas se acercan
bailando, él retrocede temblando hasta salir.
Ellas siguen bailando.)

fin

Margaritas en el mar. indd 70-71 28/04/2013
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ISBN: 978-9974-99-052-4
e-mail de autora: Rossana Mutarelli: rossanam2007@gmail.com

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