
Para el Santi, que escribió
un cuento cuyo personaje se me
quedó dando vueltas
en la cabeza.
Para la protagonista de este
cuento que, de veras,
una tarde compartió conmigo
diez minutos de 494.
Ayer subí a un 494. Me senté en el asiento de los bobos. Para los que no sepan cuál es, es el que hace que veas el pasillo del ómnibus y las caras de los que están sentados frente a vos y no lo que hay afuera, porque quedás de espaldas a la ventana. Puede ser que no mirar hacia la calle sea de bobos…Puede ser… Igual, nadie miraba para afuera. Todos iban tecleando en los celulares. Me senté ahí porque una vieja se paró como para bajarse.
Era una vieja enjuta, secada por muchos soles, mojada por muchas lluvias y sobada por la vida. Tenía las pupilas negras chiquitas y vivaces y se movían tanto que parecía que dos maripositas negras le anduvieran por la cara. La vieja aquella quedó al lado de la puerta de adelante, al costado del conductor y le hablaba. Movía las manos, atravesadas por venas que eran como cuerdas, con la nerviosa energía de una mujer de veinte. El conductor, siempre mirando para adelante, la escuchaba:
-¿Sabés qué?- parecía que lo conocía porque lo tuteaba- me espera. Fijate, si podés, por el espejo…Nos está siguiendo y cuando yo llegue y me baje, me va a estar esperando en la parada…Ves, mirá bien, a ver si lo ves, es en un auto negro, y brilla como si fuera de charol. Es como el que usaban las novias, antes, pero no es de esos. Me está buscando- decía muy asustada…
-No se preocupe- le decía el conductor, pacientemente- yo la miro hasta que usted se vaya de la parada. Quédese tranquila, abuela…
-Abuela, la puta que te parió - dijo muy bajito y aparte, y después siguió fuerte- Qué me voy a quedar tranquila…Vas a ver cuando tengas mi edad que no podés…Y además es tan negro…Es nuevito…me está esperando a mi, pero yo corro ligerito…Miráme las piernas, ves… Así como las ves, todavía pego cada corrida!
Se ve que el conductor no había escuchado la puteada porque le dijo:
-¡Yo la miro cuando se baje! Y lo mato si le hace algo…! – Y se lo decía entre amable, bravucón y risueño. Ni él ni los demás creían una palabra de lo que decía la vieja.
Las miradas de los pasajeros se cruzaban, cómplices, y se empezaban a escuchar las risas. Capaz que no era la primera vez que la veían. En una de esas, ya la habían estado escuchando durante el viaje. Todos la miraban. Vi que algunos hasta habían apagado el celular. Mientras pedía que parara, ella le dijo al conductor:
-No mi viejo, muchas gracias, vos no te preocupés. Yo me bajo y le atravieso la cara de un cintazo, vas a ver...A ver, ah, capaz que ya está en mi parada…- Se agachaba y miraba para adelante por el parabrisas. Era como una vara seca que se dobla pero no se quiebra aún - El auto es negro, reluciente ¿A dónde me querrá llevar? …Vas a ver, le cruzo la cara de un cintazo! Me está esperando…A ver, mirá, ahí lo tenés!
Y se bajó, lo más rápido que le dieron los pies, que no era mucho. Varios pasajeros se rieron abiertamente. La paranoia de la vieja había sido el entretenimiento del viaje, pero ahora ya estaban todos de nuevo metidos en sus celulares. Todo fue a la vez: La vieja se bajó. Yo giré la cabeza para verla por la ventana que estaba a mis espaldas. Y vi que, cuando la vieja apoyó un pie en la vereda, estaba arrimándose suavemente a ella un auto negro y brillante como el ala de un cuervo.
2do final (a partir del anterior)
Algo le dijo el conductor del auto que no pude escuchar. Pero no fue un grito.
La vieja se acercó a la ventanilla y antes de que arrancara el ómnibus, escuché que le gritaba al chofer del auto negro:
- ¡Abuela!,... la puta que te parió!
Les propongo un juego, a todos ustedes, los amigos que me visitan: Inventemos otros finales. Vi un juego parecido a éste en otro blog, LA MAGA,http://lamaga1984.blogspot.com/ Era un cadáver exquisito, es decir, la construcción entre todos de un cuento, párrafo a párrafo, y me encantó jugar, además de comentar. Además recién Andrea adivinó mi primer final, así que eso me decidió aún más a buscar otros posibles. A mi se me ocurrieron dos. Y a ustedes?
un cuento cuyo personaje se me
quedó dando vueltas
en la cabeza.
Para la protagonista de este
cuento que, de veras,
una tarde compartió conmigo
diez minutos de 494.
Ayer subí a un 494. Me senté en el asiento de los bobos. Para los que no sepan cuál es, es el que hace que veas el pasillo del ómnibus y las caras de los que están sentados frente a vos y no lo que hay afuera, porque quedás de espaldas a la ventana. Puede ser que no mirar hacia la calle sea de bobos…Puede ser… Igual, nadie miraba para afuera. Todos iban tecleando en los celulares. Me senté ahí porque una vieja se paró como para bajarse.
Era una vieja enjuta, secada por muchos soles, mojada por muchas lluvias y sobada por la vida. Tenía las pupilas negras chiquitas y vivaces y se movían tanto que parecía que dos maripositas negras le anduvieran por la cara. La vieja aquella quedó al lado de la puerta de adelante, al costado del conductor y le hablaba. Movía las manos, atravesadas por venas que eran como cuerdas, con la nerviosa energía de una mujer de veinte. El conductor, siempre mirando para adelante, la escuchaba:
-¿Sabés qué?- parecía que lo conocía porque lo tuteaba- me espera. Fijate, si podés, por el espejo…Nos está siguiendo y cuando yo llegue y me baje, me va a estar esperando en la parada…Ves, mirá bien, a ver si lo ves, es en un auto negro, y brilla como si fuera de charol. Es como el que usaban las novias, antes, pero no es de esos. Me está buscando- decía muy asustada…
-No se preocupe- le decía el conductor, pacientemente- yo la miro hasta que usted se vaya de la parada. Quédese tranquila, abuela…
-Abuela, la puta que te parió - dijo muy bajito y aparte, y después siguió fuerte- Qué me voy a quedar tranquila…Vas a ver cuando tengas mi edad que no podés…Y además es tan negro…Es nuevito…me está esperando a mi, pero yo corro ligerito…Miráme las piernas, ves… Así como las ves, todavía pego cada corrida!
Se ve que el conductor no había escuchado la puteada porque le dijo:
-¡Yo la miro cuando se baje! Y lo mato si le hace algo…! – Y se lo decía entre amable, bravucón y risueño. Ni él ni los demás creían una palabra de lo que decía la vieja.
Las miradas de los pasajeros se cruzaban, cómplices, y se empezaban a escuchar las risas. Capaz que no era la primera vez que la veían. En una de esas, ya la habían estado escuchando durante el viaje. Todos la miraban. Vi que algunos hasta habían apagado el celular. Mientras pedía que parara, ella le dijo al conductor:
-No mi viejo, muchas gracias, vos no te preocupés. Yo me bajo y le atravieso la cara de un cintazo, vas a ver...A ver, ah, capaz que ya está en mi parada…- Se agachaba y miraba para adelante por el parabrisas. Era como una vara seca que se dobla pero no se quiebra aún - El auto es negro, reluciente ¿A dónde me querrá llevar? …Vas a ver, le cruzo la cara de un cintazo! Me está esperando…A ver, mirá, ahí lo tenés!
Y se bajó, lo más rápido que le dieron los pies, que no era mucho. Varios pasajeros se rieron abiertamente. La paranoia de la vieja había sido el entretenimiento del viaje, pero ahora ya estaban todos de nuevo metidos en sus celulares. Todo fue a la vez: La vieja se bajó. Yo giré la cabeza para verla por la ventana que estaba a mis espaldas. Y vi que, cuando la vieja apoyó un pie en la vereda, estaba arrimándose suavemente a ella un auto negro y brillante como el ala de un cuervo.
2do final (a partir del anterior)
Algo le dijo el conductor del auto que no pude escuchar. Pero no fue un grito.
La vieja se acercó a la ventanilla y antes de que arrancara el ómnibus, escuché que le gritaba al chofer del auto negro:
- ¡Abuela!,... la puta que te parió!
Les propongo un juego, a todos ustedes, los amigos que me visitan: Inventemos otros finales. Vi un juego parecido a éste en otro blog, LA MAGA,http://lamaga1984.blogspot.com/ Era un cadáver exquisito, es decir, la construcción entre todos de un cuento, párrafo a párrafo, y me encantó jugar, además de comentar. Además recién Andrea adivinó mi primer final, así que eso me decidió aún más a buscar otros posibles. A mi se me ocurrieron dos. Y a ustedes?