EL CRISTAL CON QUE SE MIRA
POEMAS Y CUENTOS



viernes, 8 de octubre de 2010

EL LUDO

Dice el abuelo que los dìas de lluvia
los angeles chiquitos se vienen desde el sol
y bailotean prendidos a las cometas
flores del primer cielo, caña y papel color.
José Carbajal


Hoy estuve rodeada de niños. Es difícil decir ahora si cuando yo los vi, venían del cielo o del infierno o habían salido del purgatorio y entraban al paraíso o eran de los que no tendrían ni siquiera esos lugares. Lo cierto es que uno de ellos sabía más de la vida que el mismo diablo, y no por diablo, ni por viejo.

Justo me tocó trabajar en la papelería en el preciso momento en que juega Uruguay. Salgo a la vereda a mirar las caras de las personas porque hoy nadie va a entrar a comprar nada, así por lo menos veo alguna gente. Tengo una enorme voracidad por el contacto humano. Hay algo de canibalismo espiritual en eso- me digo a veces. Pero casi no hay gente. Casi todos los uruguayos están frente a alguna pantalla. En la T.V. del negocio de enfrente hay dos personas mirando como mosquitas pegadas a la luz.
La radio, en el fondo de la papelería, se desgañita relatando el partido de Uruguay – Holanda. Me queda solo una banderita y ya se me acabaron todas las calcomanías, los cuadernos, las agendas, los portalápices, las cartucheras y todo lo celeste que hubiera en la papelería. Hasta la tinta de la fotocopiadora de color celeste se me terminó. Solo me quedan cuatro rollos de cartulina, unas hojas de papel cometa celeste, un maquillaje celeste y uno amarillo. Pero no creo que nadie venga hoy a comprarlos.
Un niño entra a pedir y le regalo unos caramelos, uno de los rollos y el papel cometa celeste. Después viene otro niño y otro y otro y a todos les termino regalando caramelos y el resto de los rollos de cartulina y del papel cometa celeste. Les pinto la cara de celeste y se llevan el potecito de maquillaje.
Una señora de tapado marrón se para en la vidriera a mirar los juegos de geometría. Aparte de los niños, debe ser la única que anda por la calle a esta hora. Tendrá algún niño y necesita comprarle algo para la escuela, pienso primero. Pero después, a medida que pasan los minutos se me ocurre que realmente, parece que tuviera una fijación con los juegos de geometría, porque los recorre con la mirada a todos una y otra vez. Miento. Cada tanto mira también los juegos de caja: el ajedrez, la guerra naval y los demás juegos infantiles.
Por último, se queda mirando fijamente el ludo. Uno tiene que haber llegado recién a la Tierra o sufrir de una amnesia profunda para mirar tan detenidamente el ludo- me digo. Por momentos pienso que, debajo del tapado marrón, hay una metralleta y que todo es una pantalla para coparme la papelería. Si mi imaginación no para me van a internar.
Por fin no resisto más y me acerco un poco. Ahí descubro la verdad. Está llorando. Claro, me digo, por eso se queda de espaldas a la calle. No quiere ser vista por los transeúntes. Llora para la vidriera. Se mira llorar en la vidriera y eso la hace llorar más. Es de las tantas lloronas que pasan por este negocio. Pero yo soy muy discreta con esto del dolor. Agarro un paquete de pañuelos descartables y me dirijo a la señora. Se lo alcanzo y lo único que le digo es:
- Son diez pesos
Como dije, tengo un fino tacto.
Ella abre su cartera de cuero y me da una moneda. Y sigue llorando, sin abrir el paquete. Es de las que no pueden parar de llorar. Así que le agarro el paquete de la mano, se lo abro y le tiendo una hojita.
También soy ejecutiva. La señora se seca las lágrimas.
- Así está mejor- le digo
- Gracias- dice ella, mientras se suena la nariz con otra hojita que le alcanzo- Ya estoy mejor. No es nada, no es nada. Los juegos de geometría me producen una tristeza abrumadora. Las damas me ponen la piel de gallina y el ludo me hace llorar. Disculpe las molestias.
Mi corta vida me ha puesto en circunstancias de escuchar las más variadas confesiones, pero como ésta, ninguna. Chapeau.
- Voy a llevarme esa banderita de Uruguay- me dice sonándose la nariz.
- Bueno – le digo y se la doy - ¿Así que los juegos infantiles, no?
Quiero entender lo que le pasa. Como tengo tacto, solo le digo eso. Es que yo no soy una simple estudiante de literatura.
También coqueteo con la psicología. Cuando era chica jugaba a los doctores. Ahora, me especialicé. El cuerpo humano no me interesa. Solo su psiquis.
- Así que… algo que hubiera podido ser para un niño o una niña le desencadena…
Desafortunadamente, mi delicadeza no es percibida y la señora empieza a llorar otra vez.
Otra vez los pañuelitos. Le doy uno tras otro.
Todo el Uruguay está en silencio seguramente mirando el partido menos nosotras dos.
Antes del partido se escucharon redoblantes, matracas y cornetas pero ahora hasta el aire está suspendido. Nadie tiene frío ni calor. Hasta el viento paró.
Un niño chico se le acerca a pedir. Lo conozco. Es uno de los que vino más temprano. Ahora tiene toda la cara sucia, parece un mapa con territorios delimitados por líneas marrones. En uno de los cachetes tiene la marca de un golpe fuerte. Un moretón. En la pierna unas magulladuras y varios moretones más. Además tiene unas líneas celestes desprolijas pintadas en el otro cachete. Seguro se las hizo con el maquillaje que yo les regalé. Se nota que después de pintarse las líneas ha llorado. O quizás hace días que llora.
Él se acerca a ella y la mira. Ella busca algo en la cartera para darle. Le da una moneda. El niño la agarra y le pide la banderita. La vuelve a mirar a los ojos. Se diría que la examina.
Dos de los niños que vinieron antes se han fabricado unas improvisadas cometas celestes y pasan con ellas casi por encima de nosotros.
- No llores- le dice el niño. Aguantáte. Yo me aguanto cuando el tipo de mi vieja me pega. Y me aguanté cuando me quedé sin cometa.
Sus ojos y su cara dicen que no.
- La mujer se pone de nuevo a llorar y le da la banderita.
En ese momento, la radio grita un gol de Uruguay. Las personas paradas frente a la pantalla del negocio de enfrente saltan como mosquitas electrocutadas. Mucha gente sale a las veredas. La calle entera se llena de papelitos gritados que tiran desde las ventanas. La gente se abraza por la calle, se palmean, saltan todos juntos, se amontonan, se arremolinan. La alegría se propaga como una pandemia.
Los niños a los que les regalé los caramelos y los rollos pasan corriendo y desparramando cartulinitas celestes hasta agotarlas. Han soltado las cometas, que vuelan allá lejos.
Yo salto, grito el gol, abrazo a la señora. Ella me abraza. Aplaudimos. El fervor llena el termómetro. El niño se abraza a la señora. Le pasa la mano por la cara:
- Bué, está bien. Yo también lloro a veces, pero si vos no llorás más, yo tampoco. Te prometo- le dice el niño y cruza un par de índices sucios en su boca.
Ella no contesta. Sigue llorando. Es más, cada vez que el niño le habla, ella llora un poquito más.
- Ta. Te devuelvo la banderita. Pero no llores más. Me lo tenés que prometer.
- Bueno- dijo ella, calmándose un poco- Pero quedate con la banderita. No es eso.
Después de eso, vinieron los dos goles de Holanda.
La calle quedó silenciosa como un cementerio. Sobre el piso, los pedacitos de cartulina celeste agonizaban.
La señora empezó a mirar para el lado de los ludos.
- Ahora que vamos perdiendo, no vayas a llorar- le dijo él- con gran perspicacia.
- Es que no puedo…- empezó a decir ella- y la voz se le quebró.
- Sí que podés. Vas a ver.
El niño se tiró a saltar al medio de la calle, agitando la pequeña gran banderita y se puso a gritar:
- ¡Vamos Uruguay, vamos! ¡Aguante la celeste! ¡Hay que seguir! ¡Hay que seguir! ¡Dale, señora! ¡Dale, vení conmigo!
Ella dudó, miró los ludos…
- ¡Dale, apuráte! - le dijo el niño- ¡Vamos Uruguay! ¡Aguante Uruguay! ¡No te rindas! ¡No llores, Celeste! ¡Aguante Uruguay!
Ella corrió al medio de la calle. El niño sacó el pote de maquillaje y pintó con el dedo unas rayas celestes apuradas en la cara de la señora. Entonces ella también empezó a, a saltar, gritar, a pelear abrazada al niño.
El celeste no se le salía, porque ella ya no lloraba.
Yo corrí para atrás de la vidriera y saqué los ludos, los juegos de geometría y todos los juegos infantiles y llené todo de agendas, calculadoras y libros para adultos.
Yo también tenía que colaborar con algo.
Me fui a pintar un sol amarillo en la cara. Primero tuve que agarrar un pañuelito para secarme bien la cara antes de maquillarla, porque si no el amarillo no me iba a agarrar.
No sé de dónde venía el niño, a lo mejor del sol, como dice el Sabalero. Pero no se le veían las alas.

6 Aquí dejá tu comentario:

ro dijo...

Hola, mis amigos, este cuento también había sido descartado.Quizás por exceso de sensiblería.Además, también tengo dudas sobre la letra del Sabalero y sobre los goles de Uruguay (su orden y cantidad) pero bueno, lo colgué igual en esta madrugada desvelada a pedido de ustedes que me dijeron que no me autoevaluara... Ahora soy un peligro, un mono literario con revólver!!!
Ahora me voy a dormir, y me voy a hacer un rato el domingo para visitarlos. Ya vi que actualizaron, pero no he podido. Besos

juan pascualero dijo...

¡Así no vale! Reclamo el primer lugar. Para algo me paso sentado frente a la computadora esperando las nuevas entregas de la papelería. Seguí así, sin descartar nada que todo es muy disfrutable.

andal13 dijo...

¡Una verdadera ludópata!
Y vo, los pañuelos a 10$ son un afane...



(Me hiciste lagrimear, hijunagransiete)

El Santi dijo...

Qué sensiblería ni sensiblería. Está buenísimo el cuento. Y lo de la letra del Sabalero y los goles del partido, andáa, te ponés las pilas, averiguás y lo corregís che, aunque no es demasiado importante eso.
Me encantó. Qué festejo triste, tan uruguayo, esa pátina gris cubriendo el celeste. Y tu escritura que fluye, cada vez más despojada y precisa.
Hoy le ganamos 7 a 1 a Indonesia. Claro, a Indonesia...
Nadie festejó nada.

ro dijo...

Gracias, Juan, Andal13 y el Santi, por su gran vamo arriba!
Ahora mismo me voy a visitarlos. Beso

Marple dijo...

Hola Ro:
ya te hice un comentario en Facebook, pero opino de nuevo.
El exceso de sensiblería se empieza a venir con todo en la vejez de las señoras que andan caminando a la hora de los partidos:)Así que el cuento es bastante real.
Me acordé que yo siempre terminaba llorando en el juego del Ludo porque mi hermana más chica me hacía trampas. En cambio me encantan los juegos de geometría.
A mi me parece que la señora no podía jugar al ludo porque tenía que hacer los deberes de geometría que no le gustaban para nada.
Si la chica le hace una entrevista a la señora, tenés para otro cuento!!!!