EL CRISTAL CON QUE SE MIRA
POEMAS Y CUENTOS



domingo, 19 de septiembre de 2010

La visionaria

Ella me mira y entrecierra los ojos como hacen los miopes cuando no usan los lentes, y tratan de enfocar, pero no es corta de vista, porque esos filos de pupila me atraviesan y desnudan. Puedo sentir el poder de esos ojos, que acarician y demuelen, en cada anhelante poro de mi piel.
No es el día ni es la noche. Es la penumbra que antecede al momento de morir de amor, a la certeza de que todo lo vivido antes fue polvo, cenizas dando vuelta en torbellino para conducirme a este momento en que sus ojos afinados me miraron.


Esto decía una de las hojas que encontré hoy sobre el mostrador. Mi compañero de la mañana me dejó ésta y otras para que terminara de fotocopiarlas porque se la trajeron cuando ya cerraba. Estas son las situaciones en las que sacar una trivial fotocopia puede convertirse en un acto que te cambia la vida. Para mí, descubrir quién ha escrito estas palabras y para quién se ha vuelto instantáneamente la prioridad número 1

Comienzo por usar todos mis sentidos para examinar la hoja. Porque cuando miro, toco o huelo una hoja puedo sentir la energía diciéndome quién la escribió, por qué y en qué circunstancias. Ya sé que todo esto suena raro, pero, aunque no se lo puedo decir a cualquiera, soy visionaria.
La hoja no huele bien. Tiene olor a cigarro fumado en la madrugada, olor a cigarro desvelado y culpable, porque se fuma en una casa en la que hay niños. Un hombre casado. No. Es divorciado. Lleva a sus niños a dormir a su casa los sábados. Hoy es lunes. Lo escribió anteayer. El tacto de la hoja tiene una vibración a buena persona, laburante, soñador. Un hombre que busca su felicidad, un hombre capaz de apasionarse por una mujer. Ha perdido hace poco su trabajo y por eso está muy mal. Lo único que le está sosteniendo el espíritu en pie es su encuentro reciente con una muchacha más joven que él, que lo ha deslumbrado. Una muchacha a quien él tiene cierto temor de enfrentar. Teme el rechazo. Una muchacha a quien él mira desde lejos, desde cierta distancia. Ella también lo mira.

Lo que veo en la hoja son unas pequeñas arrugas y una aureola que ha dejado una gota que cayó sobre ella y fue limpiada. Podría engañarme creyendo que fue una lágrima, pero mis ojos visionarios me dicen que no. Este hombre no ha llorado. Es la gota de un té que se tomó en la madrugada, acompañando el cigarro, un té para calentar el cuerpo contracturado de frío, para templar el alma y poder escribir algo bello que conquiste a la mujer amada. Su única esperanza.

Un momento. La hoja emite un sonido. Si. Lo emite. Si no eres capaz de aceptar esto, debes dejar de escucharme. Acéptalo. Sucede de un modo similar a la forma en que tú me lees y casi puedes escucharme y percibir mi respiración cada vez más agitada, porque te aseguro que de la hoja se escapa un nombre. Mi nombre. No hay duda posible ya. La hoja dice: Ana. Lo dice. El hombre que ha traído esta página lo ha hecho deliberadamente para que yo la viera, por eso llegó sobre la hora de finalización del turno matutino, para que mi compañero no tuviera tiempo de sacarla y llegara a mis manos y yo supiera que él existe, que me ama. Ya lo estoy amando. No puedo ponerle rostro, pero lo amo. ¿Será el muchacho que hoy me crucé en la esquina de Yi y San José? ¿Será el señor que se toma todos los días el 121 conmigo y que me mira desde el asiento de los bobos? ¿Será otro que no logro identificar? Yo ya me enamoré de la hoja y por tanto de él. Ya está. Lo del agente de servicio 223 ha pasado en este preciso momento a la historia.
Este es el elegido. Solo debo esperar y lo conoceré.

Se escucha la campanilla de la puerta.
- Hoy de mañana dejé unas páginas para fotocopiar. El muchacho estaba apurado y me dijo que viniera de tarde. ¿Están prontas?.... Ah, me las estás sacando. Una es esa que tenés en la mano.
Mi mirada va de arriba hacia abajo:
Pelo negro, brillante. Ojos azules que miran tiernos de atrás de unos gruesos lentes. El gesto amable, algo ansioso. Pecas sobre sus mejillas. Orejas sin caravanas. Cuello fino y largo. No hay registro visual de la nuez de Adán. Senos de mujer. Caderas de mujer. Es definitivamente una mujer. Hembra. Sexo femenino.
Empiezo a dudar de mis percepciones, pero no puede ser que les haya errado a todas. Un hombre le tiene que haber escrito esto. No sería para mí, pero por lo menos ella se tiene que llamar como yo.
- ¿Te llamás Ana? ¿Alguien escribió esto para vos?
- No, me llamo Ximena. Lo escribí yo
Yo quedo mirando la hoja. Tiene aliento a traición.
- ¿Lo leíste? ¿Te gustó? Y necesitaba hacerle copias porque me voy a presentar en un concurso de cuentos. ¿Te molestaría leer alguno?
Puntos suspensivos. No digo nada. Su tono es culpable. Como si me pidiera que le saliera de garantía en algún crédito o que le diera plata prestada. La agarraría del pescuezo hasta encontrarle la nuez de Adán…
Es vital para mí- me dice - muy avergonzada, la muy mentirosa.
Tener la vida de alguien en mis manos me hace sentir importante. Y sigue:
- Hoy, si no sos una escritora reconocida, es difícil encontrar lectores, y eso que puse en práctica todas las estrategias… Fui a todas las editoriales y nada…
Más puntos suspensivos.
- Publiqué en un blog… Visité a todos los que pude y les dejé mi enlace, pero nadie me devuelve la visita y cuando dejan algún comentario me mienten, me dicen que escribo bárbaro, pero dicen lo mismo en todos los blogs. Es una cortesía perversa. Me hice una cuenta en Facebook, tengo como mil “amigos” a fuerza de convocar todos los nombres del directorio y aceptar todas las sugerencias. Me ponen muchos “Me gusta” pero nunca comentan nada así que sospecho que en realidad ni siquiera leen lo que escribo…
Escritora con problemas de autoestima y necesidad de lectores y me había encontrado a mi como tabla de salvación. Aunque yo leyera y le dijera que estaba bueno, no me iba a creer.
- Ahá, bueno, perdoná pero se me rompió la fotocopiadora y no te voy a poder sacar las copias. La verdad es que miré por arriba lo que decía la hoja, pero no me enganché… Además, yo estoy muy ocupada. Estudio literatura, ¿sabés? Y cuando uno estudia literatura, verdaderamente tiene que administrar muy bien su tiempo de lectura para que alcance para todo lo que de veras es importante leer. Perdoná. Vas a tener que ir a otro lado.
Le devuelvo las hojas como si estuvieran contaminadas.
Veo como se hunde en el medio del pasillo de la papelería como si fueran arenas movedizas.
No es la primera vez que la frustración amorosa me envilece hasta llegar así a la mentira, pero después de todo, me siento muy decepcionada. Tengo que aprender a desconfiar de la literatura. Tiene la perversidad de engañar todos los sentidos.
La muchacha se va. Creo que llora. Rompe unos papeles en la calle y los deja que vuelen con la brisita que viene bajando por Paraguay. Además de mentirme, es una sucia. No me importa. No se puede jugar así con los sentimientos de los demás, por lo menos con los míos.
Y ahora que lo pienso mejor creo que mi agente de Servicio 223 se merece una segunda oportunidad.

15 Aquí dejá tu comentario:

andal13 dijo...

Absolutamente magistral.
Pero sabés una cosa... en seguida pensé que era mujer, aunque por otras razones... es que sigo esperando que aparezca el fantasma de María Eugenia en la papelería, o incluso el de Idea...

andal13 dijo...

Ah... me olvidaba...

¡PRI!!!

ro dijo...

Ah...Idea puede ser una buena idea ajja...
En realidad este cuento lo había descartado, pero tuve un instante de escasa autocrítica, je je...
Me tengo que poner a escribir de nuevo. Solo me quedan un par de cuentos de esta serie y no me conforman mucho. Espero que venga otro momento de autocrítica restringida y los pongo, pero no me satisfacen.
Vi que actualizaste, pero no he podido ir aún a leer. Estoy en falta. Pero pronto iré. Carli estrenó ayer en el Torres García "¿Prohibida la visita?" y hoy lo voy a ver. Besotes
Pdta: Mirá que lo de la muestra permanente en el 24 sigue viento en popa. Aún no he podido hacerlo, pero te aviso cuando sea.

andal13 dijo...

¡Dejate de autocríticas, m'hija! Después de todo, sos escritora, no crítica literaria (como somos todos los que te leemos, jijiji!)
Mucha merde pa'l Carli; en cuanto pueda, lo iré a ver (hasta cuándo estará?)
Ah, mirá, en "Lápiz y papel", dos dibujantes me sugieren hacer una muestra, y yo les dije lo de tu propuesta, pero no sabía si seguías con ella; mi subde no me ha dicho más nada, así que supongo que no le ha dado el combustible.

ro dijo...

Yo también estoy administrando el combustible. Pero espero poder hacerlo para la inauguración del rincón estudiantil, cuanto antes.
Respecto de la autocrítica, tenés razón en algo. No soy crítica. En lo de escritora, todavía me faltan tres sílabas por lo menos. Por ahora soy cri jijijiji, pero con una alta dosis de rostro de piedra. Besotes

ro dijo...

Lindísima ilustración. Se me achicó cuando le arreglé el enlace. Alguien sabe cómo se hace para agrandarla? Verás Andal que le cambié el fondo al blog para que luciera mejor la imagen. Taba muy oscuro. Besos

andal13 dijo...

Lo de los tamaños en el blog es cosa 'e Mandinga: hace poco cambié la imagen que permite hacer el link entre Ajo y Agua y Lápiz y Papel; no sé por qué, pero la caricatura actual (la de Mariza) quedó grandota, siendo que mide lo mismo que la anterior (la de Forlán).

Me gusta este nuevo fondo, de arena y pájaros volantes...

juan pascualero dijo...

Ro: Fuiste muy dura con Ximena (criatura exquisita)pero tenés razón, la literatura tiene la perversidad de engañar los sentidos.
Por favor: no dejes de postear ningún cuento.

ro dijo...

Gracias, Juan. Es que Anita tiene estas vetas muy de villana. Hoy creo que sí, que los voy a poner todos. Debe ser que hoy tengo un día de autoestima equilibrada jaja... Beso

El Santi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Santi dijo...

Che, a mí me gustó más este que algunos anteriores. Así que dejá la crítica para los demás.

Traté de explicarte aquí lo de agrandar la imagen, pero no me deja poner código en el comentario.
Te lo mando por mail.

ro dijo...

Bueno, Santi... Trataré, pero es imposible que uno no haga un análisis crítico de lo que sube. El problema es que la autocrítica nunca es óptima jaja... Espero tu mail Besos

jhasmin ghidone ♥ dijo...

APLAUSOS!!!!!!!!!
uffff...
ximena no tiene la misma suerte q vos en cuanto a lo q escreibe!!!!!
n???
es buena la critica, pero deja eso para tus lectores!!!
igual,quedas muy modesta haciendolo!jajaj
la verdad que este me gusto más q anteriores!
che,muchas gracias por lo de las notas del boletín el otro día!!
mmm..hago lo q puedo, we en realidad no!jeje
igual si alguna de esas notas estuviese un poquito más baja no me quejaba!no estoy rindiendo lo q puedo!!!(no es por agrandarme, claro!)
espero estes bien!!!
se me cuida!
saludos!♥

ro dijo...

Gracias digo yo jhasmin por tu presencia en este blog. Me siento honrada de que tú con toda tu juventud e inteligencia a cuestas te detengas a leer mis cosas. Y en cuanto a tus notas, si podés más, dale!!!! No te voy a largar un juicio de reunión acá, pero eso debería ser "Es capaz de mejor rendimiento" Eso sí, qué va a pasar cuando el 12 no alcance???
Siempre fui muy crítica conmigo mismo. Está bravo dejar de serlo. Y la verdad es que hice mal en expresarlo acá porque puede parecer que lo hice para recibir elogios. No fue esa la intención la verdad, pero bueno, sirve la experiencia. La próxima vez digo que soy un genio de la literatura jaja...Besotes

Fernando Terreno dijo...

Hasta "Se escucha la campanilla de la puerta" estaba cautivado.
De allí en adelante, la tontera y la cruedad de Ana y las demasiadas explicaciones de la narradora me han dado ganas de matarlas...
Pero no es cuestión de andar asignando a los narradores (y menos a los escritores) la autoría de lo que ficcionan). Aunque (ya parezco un abogado) toda ficción es autbiográfica y viceversa, toda autobiografía es ficción.
Lo importante es que hemos disfrutado con la lectura (aunque Ana no se haya animado).