II La ceguera
Hoy me levanté malhumorada. No tenía ganas de venir. Esto de estar sacando fotocopias me está reduplicando la mediocridad y quintuplicando la torpeza. Yo debo tener algún problema de coordinación, porque últimamente abro la tapa antes de que pase el fogonazo de luz y quedo enceguecida unos segundos.
- Buenas tardes- La voz me sobresalta porque estoy tratando de coordinar mano, ojo, pies y brazos después del último fogonazo que miré tan detenidamente.
- Buenas tardes, disculpe. Es que estoy un poco ciega por la luz de la fotocopiadora.
- Yo del todo
- No entiendo- digo todavía refregándome los ojos.
- ¿Usted estaba cuando yo abrí la tapa?- Ahí ya lo veo y me doy cuenta de que es ciego, porque tiene lentes negros y un bastón blanco, y ya no sé cómo hacer para sacar la pata que metí tan adentro.
- No, es que soy ciego. Siempre.
- Si, ya me di cuenta. No antes, sino ahora, cuando pude verlo. Disculpe que yo sí pude verlo.
-¿Por qué pide disculpas?
- Es que algunas veces me siento mal de estar bien. Digo, me siento mal, como culpable, como en falta. Perdone. En realidad, no tendría que pedirle disculpas. Porque mi cabeza me dice que no hice nada malo, pero igual lo tengo que hacer. Es como una compulsión. Bueno, discúlpeme, por favor. No es un buen día para mí.
- Ya veo- dice el ciego y se empieza a reír a carcajadas.
Se está riendo de mi, pienso, y me resuelvo a acelerar las cosas para que se vaya de una vez. Con mi mejor tono seco le digo qué necesita señor. El me dice no se enoje, fue un chiste, y que lo ayuda a vivir saber reírse de sí mismo. Recién ahí entiendo el chiste y me viene como una ola de empatía. A mí, cuando me vienen estas olas, verdaderamente me sumergen, así que resuelvo que mientras él esté en la papelería, voy a ser totalmente ciega, como él y que lo voy a atender cómo pueda, con los ojos cerrados.
- Linda música está escuchando- me dice el ciego. No me gusta pensar en él como “el ciego”, porque los vapores literarios que me salen de la cabeza lo asocian de entrada con el ciego de El Lazarillo de Tormes y tiendo a abrir los ojos por si resulta tan mala gente como aquél. Pero no. Dejo los párpados firmemente cerrados.
- Gracias, es la radio. No sé qué es.
- ¿La puede subir un poquito?
- Si, como no…
Se escucha un estruendo porque al tantear la radio se me cae una pila de cuadernolas al piso.
- ¿Qué pasó? ¿Qué hace? ¿Se lastimó? ¿Hay alguien aquí que pueda ayudarla?
- ¿Cómo qué paso? ¿Usted dice por el ruido? ¿Si hay alguien que pueda ayudarme? No hay nadie. Pero solamente se me cayó un paquete de cuadernolas que estaba al lado de la radio. Pero ya está. A mi no me pasó nada. ¿Ve?
Otra vez metí la pata. Se escuchan las risas ahogadas del ciego. Sí que sabe reírse de si mismo este hombre.
Por fin, tanteando creo encontrar la ruedita del volumen, pero no es, y cambio de dial. Ahora se escucha el informativo. Sigo dándole vuelta para volver a la música. Tengo los párpados tan cerrados que me duelen.
- Ahí está- digo cuando por fin la vuelvo a encontrar. Muevo la mano a la izquierda y en lugar de subir la música apago la radio. No hay caso, no nací para ciega. Ay, perdón, menos mal que lo pensé, pero no lo dije en voz alta.
-¿Qué pasó?
- Apagón- le miento.
Ya no puedo asumir más errores
- No puede ser. Esta lámpara sigue prendida.
Seguramente se refiere a la lámpara que ilumina una de las promociones de las calculadoras científicas. Cuando cerré los ojos él estaba ahí cerca y debe seguir sintiendo el calor.
- Si, hay apagón- insisto con la mentira. Lo que pasa es que esa luz tiene una batería.
-¿Qué quería llevar?-
Los párpados me pican y me arden. Pero no puedo volverme atrás. Hubiera sido mejor que fuera de veras un apagón… Esa es la solución. Tanteo y apago la llave general y quedamos los dos a oscuras. Somos dos seres reunidos por la oscuridad… ¡Oh!, me digo que tengo que dedicarme a la escritura, por Dios, qué frase… Espero poder recordarla luego. Puedo por fin abrir mis ojos. Cuando lo hago, todavía hay una tenue penumbra porque viene luz de la calle, de la luz a mercurio. Me refriego los ojos y veo una silueta en la puerta. Una silueta que lleva un bastón. Más bien lo revolea. Antes de irse, me señala con él, mirando directamente al lugar en el que estoy y me dice que le da lástima robar a una mina tan rayada. Que me haga ver.
11 Aquí dejá tu comentario:
Tá. Te pasaste.Y uno esperando una continuación fantasmal. Yo esperé un final un poco más, yo qué sé, la situación se prestaba, la oscuridad y todo eso...
Inpecable esa locura de torpezas y culpas.
Hacete ver
je je
Gracias, Santi. Creo que no está a la altura del anterior, pero, como vos decís, genera como un contraste inesperado y me divertí bastante haciéndolo.
Menos mal que veo tu je je ahí. Tengo un grave problema matrimonial: Carli ni siquiera se sonríe con lo que escribo jeje... Tenemos sentidos del humor totalmente diferentes, pero no vale, porque yo me río con él!!! Así que tu je je vale oro!!!
Hablando de otra cosa como los locos, qué bueno estaría meter a Sean Connery en algún cuento. Me quedé pensando en eso después de leer los comentarios de tu blog. Besos
Ro:
No sé por qué decís que no es tan bueno como el anterior.
Me hizo reir de mí misma así que para mí está buenísimo.
Desde el comienzo estaba segura que el ciego era Borges ( los inmortales +ceguera),así que pensé que la chica iba a oir un discurso sobre el laberinto que era la papelería o sobre la biblioteca infinita, algo así. También me dio por pensar que la chica se habría leído Jane Eire y que por supuesto se enamoraría del ciego quien le declararía su amor de caballero antiguo.
Cuando llegué al final, no lo podía creer, a mi también me hubieran robado!!!
Creo que la época no se adapta a la "buena educación" que hemos recibido o viceversa.
Creemos que los ciegos son ciegos y buenos, que los ladrones van mal vestidos, que las viejecitas no cometen delitos, etc.
En el fondo, el cuento tiene una moraleja para las lectoras románticas:)
PD) mirá que yo me di cuenta que la canción del Santi era del 007 porque me fui a la Wiki.
Ahora fui a ver qué era de la vida de nuestro amado Sean Connery y no te lo vas a creer.El jubilado más sexy del mundo( título que ostenta además de Sir)anda en líos con la justicia por negocios inmobiliarios en España.
Otro viejito del que tenés que cuidar la papelería:)
un beso.
Un contraste interesante con el anterior, no me provocó la tensión y el misterio de la primera parte, pero si la risa, fue bastante gracioso imaginarme a Anita con sus maniobras torpes, haciendo desastres a diestra y siniestra, jaja. Besos y espero la continuación.
Ah, me pasó como a Marple, agarré pa'l láu de Borges... y se me vino el apagón. ¡Uy! Perdón, señora, no quise hacer le un chiste malo con su cuento, disculpe.
¡Jijiji!
Me alegra tu visita como siempre Marple! Estoy tratando de meter a Sean en uno de estos cuentos ejje así que me viene muy bien tu info.
Besos
Bienvenido a este espacio Ramiro!!! Estimados legionarios, Ramiro es el novio de mi nena! Se los presento. Es un amoroso sujeto que hasta lee los cuentos de la futura suegra! Y encima le gustan! Muchas gracias, Ramiro. Me alegra que te haya hecho reír. ¡A ver si hacés venir a la nena a este espacio!
Pero bueno, acá basta de novio y de nena, acá sos r@m1ro y yo Ro, qué también!
Andal, usté puede hacer todos los chistes que quiera, además sería imposible impedírselo. En usté es natural. Besos
Y yo que pensaba también que tenía cierta cosa extraña o mágica! Para nada creí en un ladrón! Pero bueno, los ladrones siempre son los que no se espera que sean, o por lo menos los que tienen claro el oficio y lo ejercen como profesionales :P.
buenisimo!!!...
de verdad muy bueno!!
sos una idola!!!
saludos de la alumna!
Ja, gracias por la bienvenida, ya había leído algunos de tu cuentos, ya conocía el blog por medio de "tu nena", pero es la primera vez que comento. Felicidades, y espero la continuación de la selva! :)
Publicar un comentario en la entrada