La selva
El aire estaba denso y macizo de tanta lluvia tropical. Por momentos yo respiraba un vaho de cieno y de plantas podridas.
Había olor a humedad, a musgo, aroma ofensivo a animal y a selva.
Al comienzo solo se escuchaba un borbollón de un agua que formaba remolinos, pero después, por un rato, sólo se percibió un silencio de muerte.
Adelante se veía de un negro rotundo el bosque, y era tan negro que fundía todas las formas de los árboles, sin que se pudiese distinguir ninguna en particular.
El suelo estaba lleno de helechos, grandes hongos, hierba, piedras y troncos. También había en el suelo algún que otro hueso triturado.
Una enredadera entretejía todo el entorno. Costaba caminar por aquella madeja de vegetación que se atravesaba, trepándose a las horquetas. En una de estas se veía un panal de abejas en plena producción.
No había forma de pasar como no fuera trepando y esquivando.
Las culebras perseguían a los sapos. Las cañas tacuaras emergían por todas partes.
Un flamenco mantenía sus largas patas rojas metidas en un gran estanque. A su lado, una tortuga se alimentaba de hierbas tiernas.
Decenas de mariposas estaban paradas sobre las hojas y los troncos y también sobre la fotocopiadora.
Se habían posado sobre las perillas de los cajones que aún se veían entre el follaje. Algunas se amontonaban hechizadas bajo las luces de neón de la vidriera y caían desplomadas por el calor, pero otras desfilaban como ejército colonizador entre los grillos, los escarabajos y las langostas por el mostrador.
Una mariposa enorme, roja y sedosa se había colocado sobre la caja registradora. En el botón de la alarma había otra, transparente y bellísima.
Ninguna mariposa volaba. Solo parecían latir, con un tenue movimiento acompasado que parecía armonizarse, en su abrir y cerrar de alas, con la diminuta percusión de los grillos. Un mosquito enorme me picó en la mano.
Al fondo de mi querida papelería ahora transfigurada, estaba sentado el fantasma de Horacio Quiroga. Sonreía, gesto bastante raro tratándose de él.
- Estimada señorita- me dijo sin asomo de sorpresa, como si me estuviera esperando- Me he tomado el trabajo de recrear aquí mismo mi ambiente porque quisiera pasar en su compañía al menos una temporada.
- Ahá – le dije con mi escueta elocuencia -.
No quería oponer resistencia de inmediato.
Me toma las manos. Son manos largas, huesudas, manos que han trabajado la tierra, que han levantado paredes, destilado naranjas, abierto camino a machetazos en la selva, arbolado mesetas, dirigido bicicletas, labrado actas en papelitos multicolores, escrito cuentos, hecho cerámica, alimentado animales, construido canoas, llevado a la boca cianuro de potasio, manos que ahora tienen entre las suyas las mías.
- No me ha dicho qué le parece. Es extremadamente seductor, ¿verdad?
- Bueno, es que me ha tomado usted por sorpresa…
- Desde la primera vez que la visité, he quedado prendado de sus ojos azules y sus cabellos rubios.
El hombre no cambiaba de gustos ni después de muerto.
- Sueño con encontrar una mujer que entienda lo que verdaderamente es la naturaleza, lo que soy yo y pueda seguirme y amarme con devoción. Usted no es como las demás mujeres, que ya me han decepcionado una y otra vez. Usted tiene una sensibilidad diferente. La he estado observando.
- Muchas gracias, Señor Horacio. De veras le agradezco semejante elogio, pero mi corazón le pertenece a otro hombre- Todavía no sé si es mentira o verdad lo que dije, pero fue lo primero que se me ocurrió.
Una mariposa se paró sobre la barba negra del fantasma y éste agitó con rabia la mano para sacársela de encima. Era evidente que lo había desairado y que no esperaba esa respuesta.
- Usted no entiende, señorita, que lo que yo le ofrezco no se compara a lo que pueda darle un hombre común. Ninguno de esos que andan rondándola me llegan a la suela del zapato.
No era momento para corregirlo, pero Horacio estaba de botas. No importa en qué clase de conversación o situación esté sumergida, siempre se me ocurren estas cosas insignificantes. Es quizás una forma de huída.
-Yo le doy sobrevida, inmortalidad- siguió diciéndome- y eso no lo obtendrá con ningún otro y menos en este mundo.
- Pero, Señor Quiroga…Horacio…disculpe mi falta de tacto, pero usted está muerto.
- No me defraude, Señorita Ana. La muerte no me impide amarla. La muerte me ha liberado del dolor y la enfermedad. Me ha hecho libre. Con gran generosidad, le ofrezco lo mismo. Basta de mediocridad y de desencanto. La muerte es la única experiencia que merece vivirse a voluntad, la única más intensa que el amor.
- ¿Usted me está pidiendo que vaya con usted al más allá?
- No veo por qué no. Otra estaría pidiéndomelo de rodillas.
- ¿Viviríamos en un ataúd?- pregunté inoportunamente
- ¡Qué chiquilina encantadora!- dijo él, riendo, cuando yo pensaba que se iba a irritar por mi pregunta- No soy un vampiro…
- Es que yo estoy viva y no veo cómo viviríamos juntos porque mientras la muerte no me lleve…
- Eso se puede arreglar- dijo.
Instantáneamente, entró la muerte a la papelería - selva. Desapareció la humedad y el calor y una fina helada empezó a caer sobre los helechos, ennegreciéndolos. Las mariposas empezaron a caer muertas sobre el suelo, las culebras a retorcerse y yo a sentir que me faltaba el aire.
- Me llamaste, Horacio- dijo la muerte.
- Si. Quiero llevármela.
La muerte me puso la mano en la frente y la boca en mi oído y pensé que había llegado mi fin. Pero entonces pude escuchar su fina e irritada voz susurrándome que Horacio era sólo de ella.
Después mintió, fuerte, a Horacio:
- Está protegida. Ni yo puedo.
La muerte me soltó y me caí al piso. Horacio no me ayudó a levantarme.
Salió de la papelería muy enojado, dando grandes zancadas.
La muerte iba caminando atrás, dándole explicaciones y rogándole que la esperara.
Al levantarme, de toda la selva de la papelería solo quedaba el flamenco. Le abrí la puerta y se fue por la calle Paraguay hacia 18 de julio.
13 Aquí dejá tu comentario:
Acá apareció la abeja haragana. Andaba dando vueltas por Facebook, Twitter y todas esa formas de pasar agosto de una vez por todas.
Estuve pensando que la chica de la papelería está jugando con la muerte como la abeja haragana con la víbora.
Por esta vez se salvó.Tiene alarma, sí, pero si deja entrar a los muertos...
Me gusta Horacio Q., pero tiene o tenía, esa fascinación del abismo que atrae peligrosamente.Habría que ver cual es la protección especial que posee la protagonista...¿la juventud?
La única vez que estuve en la selva fue alrededor de las cataratas del Iguazú, impresionante, la misma atmósfera húmeda y sofocante que se respira en el cuento.
Esa papelería es un caleidoscopio.
Ah!
, muy buena , la ilustración de Andrea.
un beso
"Ahi, quanto a dir quale era è cosa dura,
questa selva selvaggia e aspra e forte
che nel pensier rinnova la paura!
Tanto è amara che poco più è morte;"
Y sí, yo me dije, arrancamos con el Dante. Pero las tacuaras me trajeron a las Misiones. Esta chica está jugando con fuego.
Me encantó la impenetrabilidad de la niña al romanticismo poderoso de Quiroga. Práctica como empleada de papelería. Me gustó mucho esa imagen de la selva tomando cuenta del comercio.Don Horacio no queda muy bien parado en tus cuentos. El sueño y a la vez la pesadilla de muchas mujeres, que un hombre las secuestre en la espesura y no se sepa cuál va a ser el final y se rinnove la paura e la morte.
Volvió la sensación del primero, me sentí como dentro de la papelería, en medio de la selva de Misiones, me fascina el relato del lugar, especialmente el de las manos de Horacio, muy buen final. Espero la continuación...
Gracias por tu visita, Marple y también por tu promoción en facebook jaja... Lo de la protección de la protagonista por ahora queda abierto a la interpretación del lector. Puede ser esa, pero puede ser otra. Puede ser Don Alberto o quizás el amor. El asunto fue que ahí se me ocurrió eso y listo. La seguimos!
¡Hola, Santi!Algo de Dante tiene esto pero no pensé en él cuando armé este cuento. Es verdad, Quiroga no sale muy bien parado. Será porque no soy muy devota de él. No sé. Veremos si en el futuro puedo reivindicarle lo que tiene de bueno. Está tomado casi desde la sátira que se hacía en su época de su conducta hacia las mujeres.
A mi también me gustó arrancar el cuento con lo de la selva y después mezclarla con la papelería. Besos
Gracias, Ramiro! Espero no defraudarte. Creo que este es uno de los mejores. El resto bajan un poco en lo que se refiere a ese clima que a ti te gusta. Besos
¡Guauuu!...cuánta cosa. Por un momento pensé que habías tenido la experiencia de la selva. Por suerte, finalmente la rubia salió caminando por Paraguay hacia 18, como tantas veces lo hizo hacia el Mercado.
No sé qué pretendés ni a dónde vas a ir a parar con esto de hacer coquetearle una rubia al loco de Horacio Quiroga. (¡Que se cuide el Carli!).
Si yo fuera rubia y con celestes ojos le daría bola a Roberto de las Carreras.
Amiga, disculpame sinceramernte el choto comentario. Te escribo para la chacota porque me hace bien en este fin de semana después de las funciones directoriles (ya sabés cómo nos queda la cabeza -y el corazón- a veces). Besotes, MIL.Excelente entrega, como siempre. Admiro tu talento y tu imaginación, ya lo sabés.
Ni si me ocurriría negarme a la seducción de Quiroga... salvo tal vez por el calor y la humedad de la selva misionera.
Lástima que ya doblo la edad de las chicas que él seduce... ¡ay!
Gracias, Flaqui, valoro doblemente tu comentario porque sé cómo venis de las tareas que por este año, y solo por este, gracias a los dioses del Olimpo, nos serán comunes!
Pero igual no puedo dejar de corregirte que el que se va por Paraguay hacia 18 es el flamenco y no la rubia. Ella se queda, como siempre estacionada en la Papelería. No sé qué va a pasar el día que salga...
En eso, vea discrepo, Andal. Yo ni ahí con el ofrecimiento de Quiroga...
Gracias Andal por tu selva recargada!!!! Sé cuán ocupada andás y valoro enormemente esta generosidad con tu tiempo. (Ahora no me digas que me vas a cobrar, tamo)
Besos
Ah, me resulta un tipo de lo más seductor... y rayado como bandeja de fainá!!! Así me ha ido también...
;-)
Me alegra que te haya gustado la selva; es cierto que tengo otras cositas para hacer, pero me gusta más dibujar mariposas y sapos!!!
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