I
Don Alberto
Hoy vino el dueño de la Papelería: Don Alberto.
Me mira por arriba de sus medios lentes.
Me sonríe debajo de los finos bigotitos blancos.
No puede venir muy seguido porque está bastante enfermo. No se casó nunca. Dedicó su vida a esta papelería, que fue de su padre y antes de su abuelo.
El salón se metamorfosea cuando él pasa por la puerta. Normalmente es opaco. Hoy, cuando llegó, los anaqueles y las cajitas, las gomas y los papeles de celofán se pusieron más relucientes. Millones de diminutas partículas de polvo depositadas relumbran todavía ahora, festejando, mientras se está poniendo la túnica para trabajar. Siempre está disponible en el perchero, y tiene su nombre bordado en el bolsillo superior.
Don Alberto pasa la mano por arriba de los lápices de colores, abre las cajas y prueba las puntas con su dedo índice. Abre los cuadernos y se abanica la cara con el pasaje rápido de las hojas que se deslizan por la punta de su yema. Escribe con las biromes en un papel para ver si todas funcionan bien. Dice que a las lapiceras hay que hacerles circular la sangre como a las personas. Busca en los estantes de los libros para chequear si están todos los que encargó.
Hoy llegó y se puso a atender público.
- Deje- Don Alberto- que yo atiendo.
- No- me dijo- Hoy me toca a mí. Vos, chiquilina, sentáte un poco que debés estar cansada. Aprovechá para estudiar ¿No me dijiste que tenés examen mañana?
- Gracias, Don Alberto- le digo- y me siento con mi cuaderno de literatura uruguaya.
Busco el esquema del 900 que hicimos la última clase. Reviso los apuntes sobre Horacio Quiroga. “Al examinar el lugar que la muerte ocupa en la obra de Quiroga, se impone otra vez, inevitablemente, la referencia a su experiencia vital. Primero su padre, luego el suicidio de la primer esposa…” Pero no puedo. Porque pienso en Don Alberto. Debe ser el único patrón que no deja trabajar a sus empleados y la única persona que conozco que se deshace por atender bien a los demás.
Es el hombre del que estoy enamorada y no me importa que tenga sesenta años más que yo. Lo amo calladamente cada vez que lo veo. Tengo que volver a Quiroga.
“Para Quiroga, la muerte es un acontecimiento universal, es una ley inexorable que la naturaleza se ha impuesto a sí misma, y el hecho de morir no es, tal vez, la enajenación total, no es la soledad definitiva, es el acto por el cual comulgamos con la totalidad del universo”
Me vuelvo a distraer, mirando a Don Alberto.
- Diga, Señora, ¿Qué necesita? Pregunte que no molesta para nada. Es un placer servirla. ¡Qué alegría verlo por acá, Sr. Paredes! Tanto tiempo… ¿Su señora cómo sigue? De eso no me queda, pero a ver, creo que por acá tengo unos compases alemanes que son de lo mejor. Y no se preocupe si no le alcanza. Cuando pueda me lo trae.
Entra un hombre de barba, delgado, fantasmal, vestido con cuidada desprolijidad, que ha dejado su bicicleta también añeja y marrón en la vereda. Al lado de la bicicleta hay una señora parada, delgada y alta, también vestida de marrón oscuro, a la que no logro verle la cara, porque está de espaldas. La alfombra de alto tránsito de la papelería se pone sepia cuando él la pisa. Lo mismo le pasa al mostrador cuando él lo toca. Todo lo envuelve el marrón. Don Alberto se dirige a él.
- Yo a usted lo conozco- le dice
- Pero yo a usted no lo recuerdo- Se lo dice con unos modos bastante secos.
- No, dice Don Alberto. No nos conocimos. Pero yo lo leí a Ud. y esta chiquilina lo está estudiando.
Mientras él dice eso, me tiemblan las manos y se me cae el cuaderno. Las emociones fuertes siempre alteran mi motricidad.
El fantasma de Horacio Quiroga recoge mi cuaderno – que automáticamente se pone sepia- y pasa las hojas. Su cara va cambiando. Primero se asombra, después de un momento, al leer más de dos páginas, se exaspera y por fin empieza a reírse sujetándose el hueco donde estaría la barriga si la tuviera.
- ¡Es increíble!- Sigue riendo hasta que lo interrumpo, bastante molesta porque no seré una estudiante brillante, pero he escrito todo lo que mi profesor de Literatura Uruguaya ha dicho en sus clases.
- Discúlpeme, Don Horacio, si mi cuaderno lo ofende.
- Pero no, señorita… Es que no me reconozco a mí mismo en estos apuntes. ¿Usted trabaja aquí? ¿Sabe que es muy linda?
En este punto Don Alberto lo interrumpe y le pregunta qué necesita. Nunca ha permitido que ningún cliente se propase con ninguna empleada, y no va a hacerlo ahora, aunque se trate de Horacio Quiroga o de su fantasma o lo que sea. Cuando hace eso, amo más a Don Alberto.
- ¿Qué andaba necesitando, Don Horacio?- le dice mi patrón.
- Yo, nada, pero me pidieron que entrara acá a buscarlo, Don Alberto. Aquella señora que está en la puerta no quiso impresionar a esta señorita y me pidió que entrara yo. Usted se viene ahora con nosotros. Despídase.
- Pero- digo yo- Pero… ¿Qué hace usted con ella?
- Señorita, la muerte me acompañó en la vida y en el arte… ¿Por qué pensar que después podría librarme de ella? Además, ya estoy tan familiarizado…
Don Alberto se saca la túnica y en lugar de colgarla en el perchero la dobla y me la da. Me mira con dulzura. Entonces se lo digo. Le digo que lo amo y que no me importa lo que digan los demás, que lo he amado desde que lo conocí. Don Alberto me mira otra vez, con ojos que se le ponen jóvenes, y me dice:
- Gracias, chiquilina. Muero y descubro el amor al mismo tiempo… ¡Qué revelación! Horacio, me mentiste, esto no es morir.
- ¡Anita, chiquilina!- dice, mientras la muerte lo va envolviendo.
Lleva la mano a la boca, la besa y me sopla un beso que atrapo en mi puño. Él me está viendo todavía cuando lo llevo a mi boca.
(Continuará)
21 Aquí dejá tu comentario:
22Volviste con todo amiga de mi alma. Esto tiene muchas puntas y da para hablar y hablar analizando.
Pero sólo te voy a decir que me conmovió totalmente y que la descripción de la papelería y de don Alberto me hicieron hasta sentir reviviendo el olor aquel de las viejas papelerías de mi infancia. Ese amor fuera de tiempo me mató. No sé si voy a tener tiempo de volver en este fin de semana, pero quería decirte eso hoy. ¡¡¡Grande Maestra!!! Besotes.
Flaqui, gracias. Yo tampoco ando con tiempo mañana: todo el día en el liceo...
En realidad, este cuento está terminado. Son unitarios, pero con cosas en común: la papelería, la protagonista y otras yerbas que no quiero adelantar. Besotes
Ay Ro...
¿Te das cuenta que Lolita estuvo prohibida por haber sólo una diferencia de 30 años en la pareja?:)
Te merecés el premio de cualquier concurso , lástima que ahora está publicado.
Hablando en serio, me encantó el clima de la papelería y el tema del cuento.
Continuará?
Muchas gracias, Marple. Me pasé de exagerada con la diferencia de edad! Pero me dejé llevar. Y creo que fue lo mejor.
Sí. Continuará, pero por ahora no con Don Alberto. Aunque sé que cuesta despedirse de él...En fin, veremos...Capaz que con el tiempo lo hacemos volver.
Siempre amé las papelerías.
Besos
¡Qué hija de Quiroga!!!!
Me pasó como a la Flaca, sentí el olor de la papelería... me encantan las papelerías.
Sabés que hace unos años estuve en la casa de Quiroga, en Misiones, y allí estaba su moto... una Harley Davidson!
Me encanta que hayas vuelto, y con todo.
(Aunque cuando escribí lo último se me vino a la cabeza el tango:
"Me alegra que hayas vuelto
después de todo un año
con ese vestidito
que yo te regalé..."
¡Jijiji!)
Estuve a un paso de pensar que se enamoraría de Quiroga, pero no hubo caso.
Ahora a esperar las próximas entregas.
Un abrazo
Lo de la diferencia de edad no es inverosímil. Te pongo un ejemplo real de alguien que en estos días ha estado muy nombrado en los medios: Ghiggia, el del gol que enmudeció el Maracaná. ¿Sabés que vive en Las Piedras?... Bueno, eso no viene al caso. Lo que sí viene al caso es lo siguiente: Tiene 82 u 83 años y está casado con Beatriz de 37.¿Qué tal?... No lo vas a poder creer ( o sí) pero ella fue alumna mía...jejejeje.Así que, hablando de amores, cuanto más imposibles más grandes.Si lo de tus personajes fuera un amor común y corriente no tendría sentido que se inmortalizara en un cuento.
¿Te diste cuenta que el personaje se llama don Alberto y el secundario que entra a comprar se llama Paredes.
Querida Ro: como siempre, ¡mi genia!
En cuanto a la diferencia de edad, te cuento una.
La diferencia exacta de 30 años, entre una Poeta (que tanto vos, como yo, conocimos de una manera u otra, puesto que ella era MI AMIGA),era esa justamente, entre ella, y su esposo 30 menos. ¿Ubicás?
Besos y gracias por todo.
No puedo comentar mucho más, puesto que estoy dedicada enteramente a mi otra mitad.
Andal, la verdad es que próximamente te vas a cansar de oir hablar de las papelerías...
Me alegra que te alegres de mi vuelta, pero ese vestidito me queda chico por exceso de chocolate...
Besitos
Fernando: No...De Quiroga no, que no la veo en la selva. Pero Quiroga piensa distinto. Ya te lo adelanto. Gracias, Fernando. Besos
Flaca, recién me doy cuenta lo de Alberto y lo de Paredes!!!! Qué lapsus! Aunque a este Don Alberto no me lo imagino como a aquel.
Mirá que esta chica, que se llama Anita, de paso, tiene alrededor de 20 o veinte y algo...
Bueno, me llama el Carli.
Bea, gracias por tu visita. Te contesto acá mismo porque me está llamando mi media naranja y me está apurando. Un abrazo a vos y al Santi
Carli está hablando por teléfono así que pude volver. Bueno, Bea, no sé bien a quién te referís... No me doy cuenta. Pero por supuesto que lo creo posible en esos márgenes, pero éste margen es mucho mayor!!! Besos
Me mató esa papelería.
Me quiero comprar todo
A Quiroga nunca lo imaginé sepia sino gris o verde.
Me di cuenta al toque lo de Alberto y lo de Paredes.
Qué ansiedad la continuación...
Santi, qué alegría leerte aqui otra vez. Te estaba esperando con los brazos abiertos, algo ansiosa como cuando uno recién arranca con el blog y va setescientas veces a ver si está ese comentario que uno espera.
Lo del sepia debe ser por las fotos viejas.Pudo ser también blanco y negro. Hay otro cuento sobre él y ahí hay algún cambio. Pero nunca es verde, aunque no sé si tu verde obedece a la selva o a lo de medio viejo verde que fue, porque fue tremendo en eso.
¡Qué lindo generar un poco de ansiedad, un poco...me encanta...(Me hace sentir medio autora de telenovela, pero ojo que no tan devaluada!!) El problema es mi ansiedad. No sé si me aguanto.
Escribí estos cuentos durante las vacaciones de julio en cada minuto libre y no los presenté al concurso porque los iba escribiendo y pensaba que eran cuentos para el cristal, y quizás también por las idas y vueltas que uno da en la vida. Así y todo son un poco largos para acá. Trataré de aguantar lo más que pueda (un par de días más) antes de poner el segundo. No tiene nada que ver con éste. Don Alberto (Con o sin Paredes, qué lo parió qué increíble) ha salido de escena.
Abrazo, Santi. No era lo mismo sin vos
Como verán tengo ilustración de Andal 13! Maravillosa, no? Muchas gracias, Andrea!
¿Será que el Beto te anda soplando en el oído?
Ro: me alegra que te haya gustado; de las dos ilustraciones que te mandé, me gustó más la tercera, que es la que no hice, pero en mi imaginación estaba preciosa, jijiji!
Perdón por lo tarde, pero me dí la libertad de leerlo, me encantó, muy lindo la redacción y todo, no te veía tan diestra, más allá que sé a qué te dedicas, pero no es lo mismo saber interpretar literatura que hacerla, felicitaciones :).
Sin mucho más, seguí escribiendo cuando puedas :).
Lo leí un poco tarde, pero de verdad muy bello, me hizo sentir que estaba ahí, mirando todo desde un rincón, o detrás de un mostrador, seguiré con el segundo, besos.
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